Seguritecnia 359
178 SEGURITECNIA Diciembre 2009 PBC Cash cia de los centros financieros que se nie- gan a cooperar y las circunstancias fi- nancieras sin precedentes por las que actualmente atravesamos- se ha mante- nido varios pasos por delante de lo que las fuerzas del orden pueden hacer en el marco de la legislación financiera. Tras un periodo en el que se acumula- ron grandes cantidades de efectivo (dé- cadas de 1960 y 1970), los grupos de de- lincuencia organizada pasaron (en la dé- cada de 1980) a blanquear su dinero a través de las instituciones bancarias. Cuando se adoptaron medidas firmes para impedir esa utilización fraudulenta del sistema financiero (durante los años 90 y, sobre todo, a partir del 11 de sep- tiembre), por parte del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) sobre el blanqueo de dinero, la delincuencia or- ganizada volvió a cambiar de táctica, acumulando grandes cantidades de efectivo y practicando el trueque (cam- biando drogas por inmuebles, etc.). La actual crisis financiera y, especialmente, la falta de liquidez del sector bancario, ofrecen a los cárteles de la droga una oportunidad extraordinaria para volver a acceder al sector financiero. Lo que está en juego es algo más que el blanqueo de dinero. Los cárteles de drogas no sólo compran propiedades, bancos y empresas; compran eleccio- nes, candidatos y partidos, es decir, com- pran poder. Es ahí donde el negocio de las drogas se convierte en una amenaza para la seguridad. El Pacto de París En mayo de 2003, los ministros de Re- laciones Exteriores del G8 se unieron a los de otros países para poner en mar- cha una iniciativa de control de fronte- ras, propuesta por la UNODC, cuyo fin era detener la corriente de heroína que, desde Afganistán, se dirigía a Europa. El Pacto de París , como se dio a cono- cer esta iniciativa, se basa en el reconoci- miento de que la enorme dimensión del comercio de la heroína afgana hace ne- cesaria una respuesta multilateral de la misma escala. Con el paso del tiempo, el Pacto ha proporcionado el marco estra- tégico para contrarrestar la amenaza. porciona, en relación con el con- sumo de drogas ilícitas a nivel mundial (2006/2007), la siguiente información: ▪ Población mundial total: 6.475 millo- nes de personas. ▪ Población mundial de edad compren- dida entre los 15 y los 64 años: 4.272 millones. ▪ Población no consumidora de droga de edad comprendida entre los 15 y los 64 años: 4.064 millones (95,1%). ▪ Prevalencia anual de consumo de dro- gas: 208 millones (4,8%). ▪ Prevalencia mensual de consumo de drogas: 112 millones (2,6%). ▪ Personas que tienen problemas con el consumo de drogas (de edades com- prendidas entre los 15 y los 64 años): 26 millones de personas (0,6%). Destaca el hecho de que son muchas menos las personas que consumen dro- gas ilícitas que las que consumen sustan- cias lícitas adictivas y, a menudo, morta- les, como el tabaco y el alcohol. La actuación de las fuerzas del orden ha sido destacada, y, en gran medida, acertada. Anualmente, se confiscan casi la mitad de toda la cocaína y cerca de una cuarta parte de los opiáceos que se producen en el mundo. Mientras se concluyen acuerdos mul- tilaterales para impedir el blanqueo de dinero procedente de las drogas, la de- lincuencia organizada –favorecida por la falta de coherencia entre las legislacio- nes de los distintos países, la persisten- Las drogas infectan especialmente determinados sectores de la sociedad. Existen guetos, incluso regiones enteras, controlados por los cárteles de la delin- cuencia que son terreno abonado tanto para la oferta (tráfico) como para la de- manda de las drogas (adicción). La explo- tación, la inestabilidad e, incluso, el terro- rismo son su causa directa y su conse- cuencia. Es necesario que la comunidad presente resistencia. El tráfico de drogas no sólo corroe a la población en muchos lugares, también corrompe a los gobiernos y al mundo empresarial y financiero. El blanqueo de dinero se generaliza, lo que hace impres- cindible confiscar el producto del de- lito. Las conferencias de las partes para la aplicación de las convenciones de Na- ciones Unidas contra la corrupción y la delincuencia organizada están centra- das más en los procedimientos que en el fondo de la lucha contra la delincuencia organizada. Las drogas y la delincuencia matan. Es evidente la necesidad de un compromiso compartido. La delincuencia organizada y la amenaza que supone para la sociedad El sistema internacional de fiscalización de drogas hace todo lo posible por res- tringir la utilización de las drogas peligro- sas a los fines médicos e impedir su difu- sión por toda la sociedad. La Oficina de las Naciones Unidas con- tra la Droga y el Delito (UNODC) pro-
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