Seguritecnia 359

180 SEGURITECNIA Diciembre 2009 PBC Cash Internet La falta de regulación del ciberespacio es otra situación de la que la delincuencia organizada y los traficantes de drogas se aprovechan. La web también puede uti- lizarse, y así se está haciendo, con fines criminales. A través de Internet, los proveedores suministran drogas, armas e, incluso, per- sonas; se reclutan elementos vulnerables al comportamiento radical, llegándose a entrenar en la manipulación de explosi- vos para convertirlos en suicidas. Por ello, son imprescindibles acuer- dos internacionales para regular Internet y reducir las posibilidades de que pueda convertirse en un arma en manos de de- lincuentes organizados e, incluso, de te- rroristas. Conclusión Los Estados tienen que avanzar aún más en la lucha contra el mundo de las dro- gas y la delincuencia, los esfuerzos mul- tilaterales que se realicen en el futuro deberán estar más integrados desde el punto de vista estratégico y ser más es- pecíficos desde el punto de vista opera- cional. Así, la oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito, para hacer frente a estos problemas, ha propuesto: a) Una estrategia para cada mercado . Que las medidas de lucha se conci- ban como parte de un conjunto inte- grado, orientado y aplicado en el mo- mento idóneo para tratar las causas, no los síntomas, y conseguir el mayor impacto posible y los menores efec- tos secundarios. b) Resistencia de la comunidad. Hacer hincapié en la integración de las zo- nas marginadas, en la reinserción de las personas afectadas. c) Una resistencia coordinada. Los Es- tados deben impedir la infiltración de los delincuentes a nivel institucio- nal empleando para ello las conven- ciones de Naciones Unidas contra la delincuencia y la corrupción. En definitiva, es necesario modificar las políticas para combatir la delincuen- cia, no para dejar paso a las drogas. S En la teoría de la prevención de la de- lincuencia, a menudo se presenta una falsa dicotomía entre las soluciones que entrañan la actuación de las fuerzas del orden, que se consideran correctivos a corto plazo, y la prevención de la delin- cuencia, que constituye un proyecto a largo plazo. El blanqueo de dinero. Acción concertada Es imprescindible una acción concertada en relación con el blanqueo de dinero; no debe ser una oportunidad perdida. La crisis financiera mundial puede ha- cer perder parte del terreno conquistado durante el decenio de 1990, porque, al necesitar liquidez los bancos, se corre el riesgo de hacer menos indagaciones acerca del origen de los fondos. Se dispone de muchos instrumentos, pero no es menos cierto que se nece- sitan otros diseñados para prevenir el blanqueo de dinero que se realiza en la economía real. No obstante, por encima de todo, lo que se necesita es la volun- tad política y la responsabilidad empre- sarial para utilizarlos. La magnitud de la economía delictiva es tanto un producto de cierta impasi- bilidad colectiva para encontrar y con- fiscar los activos de los cárteles y gru- pos delincuenciales organizados como un efecto secundario de la fiscalización de las drogas. No es de extra- ñar una cierta frus- tración en los ciu- dadanos honrados que ven los signos externos (coches, yates, mansiones, etc.) de las mafias y sus asociados y se preguntan por qué no se conf iscan esos ilícitos benefi- cios, especialmente en momento de crisis económica que hace desapare- cer puestos de tra- bajo y pérdida de ahorros. Mientras el Pacto de París está siendo una actividad en marcha, que pronto se verá complementada por un plan de ac- ción de lucha contra la delincuencia di- rigido a los Balcanes, se necesitan más iniciativas como ésa para armonizar las operaciones de lucha contra otras co- rrientes de drogas. Condiciones sociales Las detenciones de delincuentes y las confiscaciones de drogas son necesarias, pero no suficientes. Se basan en el prin- cipio de incapacitar a los delincuentes y disuadir a quienes pudieran serlo. Sin embargo, ese principio no puede dar fruto cuando las condiciones socia- les siguen generando nuevas oleadas de personas con fuertes incentivos para de- linquir. A quien está dispuesto, por unos pocos miles de dólares, a colaborar en la distribución de las drogas no le asusta la cárcel, y, aunque la amenaza de la de- tención debe mantenerse para disuadir a quienes valoran su futuro, debe recono- cerse que no asusta a quienes han per- dido la esperanza. Tanto en los países pobres como en los ricos, en las políticas de fiscalización de drogas hay que reconocer que la de- gradación, el subdesarrollo y el desem- pleo favorecen la vulnerabilidad tanto ante el consumo como ante el tráfico de drogas y, por tanto, requieren una aten- ción permanente.

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