Empresa tratégico dentro de la seguridad privada, y no únicamente una cuestión técnica delegada en departamentos especializados. Responsabilidad inherente Las empresas de seguridad privada gestionan grandes volúmenes de datos personales, especialmente imágenes de videovigilancia, registros de accesos e información identificativa. De hecho, el marco normativo español, compuesto por el Reglamento General de Protección de Datos y la Ley Orgánica 3/2018, establece obligaciones claras en cuanto a la licitud, proporcionalidad y seguridad del tratamiento de estos datos. A ello se suman las directrices de la Agencia Española de Protección de Datos, que afectan de manera directa a la operativa diaria del sector. Un tratamiento inadecuado de la información no solo puede derivar en sanciones administrativas, sino también en una pérdida de confianza difícilmente recuperable. La privacidad ha dejado de ser un requisito meramente legal para convertirse en un elemento clave de credibilidad y confianza en los servicios de seguridad privada. Cumplimiento normativo La Ley 5/2014, de Seguridad Privada, junto con la normativa de protección de datos y estándares como la ISO/IEC 27001, configuran un marco de actuación exigente pero necesario. Lejos de suponer un freno, este entorno regulatorio ofrece una oportunidad para reforzar la profesionalización del sector y mejorar la gestión del riesgo. Por este motivo, integrar la ciberseguridad y la protección de la información en la estrategia de las organizaciones permite estructurar procesos, definir responsabilidades y ofrecer servicios más robustos y alineados con las expectativas actuales de clientes e instituciones. Retos pendientes A pesar del avance tecnológico, siguen detectándose prácticas que incrementan el nivel de exposición al riesgo: uso de contraseñas por defecto, dispositivos conectados sin medidas de protección adecuadas, conservación excesiva de datos o falta de definición clara de perfiles de acceso. A ello se suma, en muchos casos, una falsa sensación de seguridad derivada de la ausencia de incidentes previos. La experiencia demuestra que la prevención y la anticipación resultan más eficaces que la reacción ante un incidente ya materializado. Una seguridad integral La seguridad privada se encuentra en un punto de inflexión. La convergencia entre seguridad física y digital obliga a repensar modelos operativos, responsabilidades y procesos. Ignorar la ciberseguridad y la privacidad ya no es una opción. Desde Chillida defendemos una visión integral de la seguridad, en la que la tecnología, las personas y el cumplimiento normativo actúen de forma coordinada. Solo a través de este enfoque es posible garantizar una protección eficaz y sostenible, acorde a los retos actuales y futuros del sector. Integrar la ciberseguridad y la protección de la información en la estrategia de las organizaciones permite ofrecer servicios más robustos / Enero-Febrero 2026 119
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