Seguritecnia 520

/ Julio-Agosto 2026 32 Opinión La seguridad en grandes eventos se ha convertido en uno de los principales retos operativos para instituciones, organizadores, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, operadores de infraestructuras críticas y empresas privadas. Un estadio, un concierto multitudinario, una competición internacional o un acto institucional concentran en pocas horas una elevada densidad de personas, múltiples accesos, flujos cambiantes, zonas sensibles y gran exposición pública. En este contexto, la seguridad ya no puede entenderse solo como una suma de recursos humanos, barreras físicas y procedimientos tradicionales. Debe concebirse como un sistema integral, anticipativo, coordinado y apoyado en tecnología. La experiencia demuestra que los grandes eventos no fallan únicamente por falta de medios, sino por falta de información útil en el momento adecuado. Detectar una incidencia, verificarla, clasificarla, compartirla con los equipos adecuados y activar una respuesta proporcionada marca la diferencia entre una situación controlada y una crisis. Por ello, la seguridad moderna debe apoyarse en datos, inteligencia operativa y herramientas capaces de transformar información dispersa en decisiones rápidas y trazables. Flujos de personas Uno de los principales desafíos es la gestión de grandes flujos de personas. La entrada y salida de asistentes, los desplazamientos internos, las acumulaciones en zonas críticas, los accesos VIP, las áreas restringidas, los perímetros exteriores y las conexiones con transporte público generan escenarios muy dinámicos. La videovigilancia tradicional sigue siendo imprescindible, pero su eficacia se reduce cuando depende exclusivamente de la observación manual. Ningún operador puede analizar de forma continua decenas o cientos de cámaras con el mismo nivel de atención. La tecnología debe ayudar a priorizar y señalar aquello que requiere intervención humana. La inteligencia artificial (IA) aplicada al vídeo aporta aquí un salto cualitativo. No se trata de sustituir al profesional de seguridad, sino de aumentar su capacidad. La detección automática de comportamientos anómalos, la identificación de aglomeraciones, el análisis de movimientos, la búsqueda rápida de personas u objetos y la correlación de información entre distintos puntos del recinto permiten reducir tiempos de respuesta y mejorar la coordinación. La clave está en que estas herramientas sean fiables, explicables en su uso operativo y adecuadas al nivel de riesgo del entorno. Reconocimiento facial Dentro de este debate, el reconocimiento facial ocupa un lugar relevante y especialmente sensible. En grandes eventos, su posible aplicación debe abordarse con rigor técnico, jurídico y ético. Puede resultar útil en escenarios concretos, como la protección de zonas restringidas, la localización de personas previamente identificadas por motivos de seguridad, la gestión de acreditaciones críticas o el apoyo a investigaciones posteriores a una incidencia. Sin embargo, su uso no puede plantearse de forma indiscriminada ni desligada de un marco de garantías. La pregunta no debe ser solo si la tecnología funciona, sino bajo qué condiciones debe desplegarse, con qué finalidad, con qué base legal, con qué controles y con qué supervisión humana. El marco regulatorio europeo, especialmente con la entrada en aplicación progresiva del Reglamento de Inteligencia Artificial, obliga a replantear la manera en que se diseñan y utilizan estas soluciones. Lejos de ser un obstáculo, esta regulación puede convertirse en una oportunidad para elevar los estándares del sector. La seguridad en grandes eventos requiere tecnologías robustas, pero también gobernanza, documenSeguridad inteligente en grandes eventos: integración en un modelo de confianza Javier Rodríguez Saeta CEO de Herta

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