/ Septiembre-Octubre 2026 84 Centrales Receptoras de Alarmas mación generada por algoritmos, comprensión de sus limitaciones, análisis de resultados y capacidad para detectar posibles errores. La profesión no desaparece: evoluciona. Probablemente, el operador de CRA del futuro será menos gestor de señales y más gestor de situaciones de seguridad. Una oportunidad La IA representa una de las mayores oportunidades de modernización de las CRA. Puede ayudarnos a reducir falsas alarmas, mejorar la verificación, correlacionar señales, priorizar eventos, optimizar recursos y avanzar hacia una seguridad más preventiva. Pero su éxito dependerá de cómo decidamos implementarla. No se trata de incorporar IA porque sea una tecnología de moda. Se trata de utilizarla allí donde aporte seguridad, eficiencia y capacidad de decisión, manteniendo siempre el control profesional y garantizando el cumplimiento normativo. Recepción y Control de Alarmas nunca será una CRA sin operadores. Será una central en la que cada operador contará con herramientas capaces de analizar en segundos una cantidad de información que ningún ser humano podría procesar por sí solo. Y posiblemente ahí esté la verdadera revolución: la IA no debe sustituir a la inteligencia profesional y emocional del operador; debe potenciarla. La pregunta no debería ser solamente: ¿qué puede hacer esta IA? También deberíamos preguntar: ¿para qué vamos a utilizarla, qué riesgos introduce y cómo vamos a controlarlos? Proteger a la IA Existe otro aspecto que no debemos olvidar. Una CRA cada vez más conectada y automatizada también puede convertirse en un objetivo más atractivo para los ciberdelincuentes. La IA puede utilizarse para mejorar la seguridad, pero también puede ser empleada para identificar vulnerabilidades y automatizar ataques. La propia Comisión Europea ha señalado en 2026 la necesidad de abordar simultáneamente las oportunidades y los riesgos que la IA avanzada plantea para la ciberseguridad. Así pues, la seguridad de los sistemas de IA debe formar parte del diseño de la CRA desde el principio. No podemos construir una central más inteligente si, al mismo tiempo, la hacemos más vulnerable. Evolución profesional La llegada de la IA no consiste simplemente en instalar un nuevo software. Implica modificar procedimientos, formar a los operadores, establecer nuevos protocolos y definir claramente qué tareas pueden automatizarse y cuáles requieren intervención humana. El operador deberá adquirir nuevas competencias: interpretación de inforSupervisión humana La incorporación de IA a las CRA debe realizarse con especial prudencia. Un sistema inteligente puede cometer errores: interpretar incorrectamente una imagen, clasificar mal una situación o conceder demasiada importancia a determinados patrones. Por ello, cuanto mayor sea la consecuencia de una decisión, mayor debe ser también la supervisión humana. El propio marco europeo de IA establece requisitos específicos de supervisión humana para determinados sistemas de alto riesgo. El Reglamento Europeo de IA exige que las personas encargadas de dicha supervisión dispongan de las competencias, formación y autoridad necesarias para intervenir cuando sea preciso. Este principio resulta especialmente apropiado para el sector de la seguridad: la IA puede recomendar, analizar y priorizar, pero el profesional debe conservar el control de las decisiones que correspondan a su responsabilidad. Un nuevo reto La aplicación de IA en seguridad también plantea importantes cuestiones legales. No todas las aplicaciones de IA tienen el mismo nivel de riesgo. El Reglamento Europeo de IA establece diferentes categorías y requisitos dependiendo de la utilización concreta de la tecnología. Determinados usos biométricos y sistemas utilizados como componentes de seguridad de infraestructuras críticas pueden quedar sujetos a requisitos de alto riesgo. Por ello, antes de implementar una solución de IA en una CRA será necesario analizar cuestiones como el tratamiento de datos personales, la finalidad del sistema, la conservación de imágenes, la trazabilidad de las decisiones, la supervisión humana y la seguridad de la propia tecnología. La IA no debe sustituir a la inteligencia profesional y emocional del operador de una CRA; debe potenciarla
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