Seguritecnia 391
54 SEGURITECNIA Noviembre 2012 Opinión sobre la misma. No, desde luego ¡esa no es la playa de mi mocedad! ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha sucedido en España? Alguien vaticinó, prefiero no mentarlo, que “no la va a conocer ni la madre que la parió”. Efectivamente, no es parecida ni se asemeja a la de hace apenas unos años, entonces convivíamos en un país sosegado, f loreciente, afable, alegre, cargado de esperanzas e ilusiones, la Es- paña de la prodigalidad. ¿Qué ha origi- nado este cambio tan repentino? A nadie se le escapa. Basta con pa- sear por la metrópoli para advertir el cierre de establecimientos a diario, ne- gocios de todo tipo cuya actividad desaparece, cesa el bullicio, oscurecen los escaparates, faltan ciudadanos con bolsas o paquetes deambulando con prisa, desciende la actividad comercial en estas calles, un insano silencio in- vade ahora la vía pública, tristeza; los polígonos industriales alcanzados por la penuria carecen de dinamismo, es- tán vacíos, no solo de mercancías sino de ilusión y esperanza. ¿Por qué? Nadie previó Me cuesta admitir que –con la ampli- tud de medios de comunicación que poseemos, así como una pléyade de analistas, informadores de bolsa, técni- cos, economistas, financieros, empre- sarios, políticos, periodistas, etcétera– por un error de cálculo, de una vacila- ción, de una creencia, no germinó ni una gota de inteligencia que pronos- ticara lo que estallaría en breve plazo en nuestra economía, como antaño lo hiciera Moisés. Resulta espinoso creer que nuestros gobernantes lo ignora- sen; para mí han pasado de puntillas sobre el desastre que se avecinaba, sin informar a los ciudadanos, ocultando las posibles consecuencias. Sirva de ejemplo el ya lejano debate Solbes-Pi- zarro con una versión de la realidad distinta: Solbes daba un mensaje de confianza mientras Pizarro se dedicaba a resaltar que el Gobierno no había he- cho nada para mejorar la economía es- pañola, estaba peor que antes. Ni caso por parte de medios periodísticos si- C uentan las crónicas que la no- che de San Juan se celebra tradicionalmente para enfa- tizar que el verano ha llegado. La cos- tumbre era cenar modestamente con lo llevado desde casa en la fiambrera, depositado sobre la ligera arena de la playa, alumbrados por una fogata, mientras los ancianos narraban leyen- das, ficciones, historias o cuentos. Las lenguas de fuego chisporroteando as- cendían hacia el negro éter, salpicado de estrellas. Poco a poco decaía la bra- vura de las llamas hasta consumir la leña amontonada, era el momento de saltar, cruzar, brincar sobre las lumbres para, sin demora, penetrar en las tem- pladas aguas mediterráneas, donde las suaves olas se encargaban de trans- mitir al joven cuerpo la fuerza reno- vadora precisa para continuar con vi- gor la lucha diaria. Anochecida mágica, prodigiosa a la luz de la luna, donde quiebran los sortilegios, los corazo- nes af loran sus guardados tesoros…, eso al menos referían los mayores en tan destacada noche, la cual siempre aporta consejos. Las tradiciones se han transformado, son más prosaicas, de verdad cuesta a veces asimilar los cambios, hay quien las considera una muralla de piedra he- cha de pasado que ciñe el presente. No comparto esa opinión, una costum- bre indica mucho más el carácter de un pueblo que una idea. Pues bien, pa- seaba el día de San Juan, al alba, por el arenal, cuando pude observar sor- prendido el ir y venir de camiones reco- giendo toneladas de basura de la ma- drugada anterior. Un ejército de em- pleados municipales, vociferantes, se atareaban en dejar limpias las mancilla- das arenas, tarea harto complicada al te- ner que sortear cuerpos adormecidos Antonio Ávila Chuliá Ni tanto ni tan poco Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre
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