Seguritecnia 391
SEGURITECNIA Noviembre 2012 55 Opinión lentes e interesados, gobernantes afec- tados y demás casta. Pues bien, es el momento de sufrir su incapacidad por comodidad. Cuando escucho en radio o televi- sión que vienen los hombres de negro no puedo evitar una sonrisa al pensar que, desde hace años, los tenemos en- tre nosotros. Efectivamente, van de ne- gro, pero son grises; han consentido el hoy y también el mañana. Algunos acomodan las cuentas de manera que, dependiendo de quién les pague, va- yan bien o mal las empresas, nego- cios, compañías, comercios, socieda- des o entidades, que den pérdidas o beneficios. Son en gran parte respon- sables de esta etapa de decadencia, del sufrimiento amargo de la crisis que afecta del mismo modo a empresarios, funcionarios, jubilados… Todos los ciu- dadanos asumimos los efectos de esta grave y embarazosa situación que a pocos deja vivir ni dormir. Un problema teórico no se resuelve cuando se conoce la solución sino en el momento que se pone en práctica. Estoy de acuerdo en que es compli- cado y soy consciente de que entran en juego variados factores, como obs- táculos de la realidad concreta, emo- ciones, intereses propios, ajenos, el cansancio, la posibilidad de fracasar, las rivalidades, el dramatismo y, quizás lo más importante, la necesidad de pre- servar sus privilegios. Que nadie espere la salvación pro- veniente de los hombres de negro, ellos vienen a dirigir la transición eco- nómica a la crisis de las empresas, o lo que quede de ellas. Estos hombres son grises, aunque sobresalientes; fueron educados para lograr poder, dinero y triunfo político. Estrictos, jamás sufrie- ron un retraso en sus comportamien- tos, muchos desconocen hasta sus vi- das, incapaces de vislumbrar la sombra de sus cuerpos en la playa, de delei- tarse mirando la luna entre la corte de estrellas, negados para reconocer el aroma de una flor, provistos de male- tines. Enfundados en trajes sombríos o cenizos ningunean a los profetas del dolor, están capacitados para cam- biar el criterio de ganar o perder de acuerdo con las órdenes recibidas. El empresario es el personaje invi- tado a esta tragedia, sufre con los tra- bajadores el contexto de angustia per- manente, no se puede imputar a nadie, pues no es obligatorio poseer empre- sas ni ser empresario. Hay quién nace con la ilusión, desde bien joven, de consumar un proyecto empresarial. Si bien en estos tiempos los propietarios no brillen por sus éxitos, pese a ello si- guen adelante, dedicados en cuerpo y alma a intentar el rescate de las so- ciedades o comercios corrigiendo el rumbo permanentemente, con la ex- pectativa de que vuelvan a abrirse los negocios de las calles, brillen las lu- ces de los escaparates, se abarrote la vía pública de alegría y en los polígo- nos industriales se renueve la activi- dad empresarial, con carreteras anega- das de trafico por camiones repletos de mercancías. Los implicados en el sector de las Se- guridades debemos decirle al mundo que somos la última imagen de liber- tad. Involucremos a gobernantes, po- líticos, asociaciones, sindicatos, auto- ridades, hagámoslos partícipes de las inquietudes que nos preocupan, pade- cemos la regresión de la cuenta de re- sultados, pero no ha retrocedido la bu- rocracia, pidamos con insistencia lo- grar las mismas exigencias para toda España, iguales criterios, análoga disci- plina, mando único. Invariablemente, especulé siendo un chaval que se distanciaba a los pobres de los ricos para evitar el contagio, ahora, como adulto vivido, he compro- bado que no es así. S Me cuesta admitir que no germinó ni una gota de inteligencia que pronosticara lo que estallaría en breve plazo en nuestra economía
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