Editorial “Ser lo que soy, no es nada sin la Seguridad” (Shakespeare) / Julio-Agosto 2025 7 Ocio seguro y responsable El ocio es parte consustancial de las sociedades modernas y avanzadas. No en vano, las diferentes actividades que se desarrollan dentro de este concepto conforman un sector empresarial pujante, con eventos cada vez más grandes y populosos. Al respecto, la seguridad debe ser un pilar fundamental de cualquier espectáculo o evento, visto no como un gasto que añadir a los costes de producción, sino como una responsabilidad ineludible con todas las personas que participan. Escatimar recursos y esfuerzos es abrir las puertas a todo tipo de posibles incidentes, desde incendios hasta atentados terroristas, pasando por avalanchas, agresiones, fenómenos meteorológicos y un largo etcétera. Precisamente, su carácter abierto, colectivo y despreocupado, lo convierte en un espacio vulnerable. Por ello también, el ocio ha sido objetivo de ataques cuyo impacto simbólico va más allá de las víctimas directas: atacan un modelo de sociedad y de convivencia. Algunos ejemplos infaustos son la masacre en el festival de música de Reim (Israel), hace dos años; el atentado en la Sala Bataclán de París, en 2015; o el atentado de Utoya (Noruega), del que acaban de cumplirse 14 años. Pero la lista de acontecimientos peligrosos es mucho más extensa: las tragedias por avalancha en el Love Parade, el Madrid Arena, los incendios de las discotecas de Murcia... Es por ello que los eventos deben contar con los mejores estándares de seguridad en su sentido más amplio. Administración, seguridad pública, equipos de emergencia, técnicos y, por supuesto, seguridad privada, desempeñan un papel crucial. Sus criterios deben prevalecer siempre sobre otras consideraciones relacionadas con el desempeño de los espectáculos, ya sean estéticas, comerciales o de cualquier otro tipo. La seguridad privada juega, en ese sentido, un papel fundamental desde la elaboración de los planes de protección hasta la salvaguarda del normal desarrollo de un evento. De ahí que la especialización y profesionalización en esta materia sean una apuesta de valor que deben desarrollar las empresas. En definitiva, el ocio debe estar concebido como un ámbito que requiere la máxima seguridad, puesto que de ella depende la integridad de las personas. La concentración de riesgos y amenazas es tan amplia, que cualquier resquicio puede derivar en situaciones trágicas. Por lo tanto, no es admisible escatimar ningún recurso en este sentido o argumentar carencias normativas o económicas para rebajar las necesidades. La responsabilidad de quienes participan en la organización de cualquier espectáculo es esencial para que el ocio continúe cumpliendo su objetivo: celebrar la vida. No es admisible escatimar en seguridad en los eventos o argumentar carencias normativas o económicas para rebajar las necesidades
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