/ Noviembre-Diciembre 2025 14 La seguridad es un eje que vertebra las sociedades occidentales, democráticas y modernas. Es la garantía que permite que los derechos y libertades puedan ejercerse plenamente y el marco sobre el que se construye la convivencia. En este contexto, la Policía Nacional –a la que tengo el honor de dirigir desde hace más de siete años– desempeña un papel esencial para dar respuesta en tiempo y forma a las amenazas y emergencias que tratan de desestabilizar nuestro Estado de Derecho, situando siempre al ciudadano en el centro de sus actuaciones, especialmente a los más vulnerables. En estos cometidos cuenta con más de 74.000 policías nacionales en activo, la mayor plantilla de su historia, con una firme capacidad de respuesta para hacer frente a las diferentes formas de criminalidad. Pero no lo hace en solitario: a su lado, sumando esfuerzos, trabajan jueces, fiscales, las Fuerzas Armadas, el resto de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y el sector de la seguridad privada, todos actores principales en el objetivo compartido de defender la justicia, garantizar la seguridad ciudadana y proteger los derechos humanos. Seguridad privada y seguridad pública son elementos de una misma ecuación que redunda en el bienestar de nuestro país, particularmente gracias a una colaboración que responde a un objetivo estratégico de la Policía Nacional, impulsado muy especialmente desde 2012, cuando vio la luz Red Azul, nuestro Plan Integral de Colaboración entre la Policía Nacional y la Seguridad Privada. Pero no es fácil conseguir ser uno de los países más seguros del mundo, como lo es España. Se requiere talento, dedicación, experiencia, colaboración y un fuerte compromiso, junto a estrategias compartidas que favorezcan la correcta toma de decisiones. El mando es una herramienta que permite dirigir el barco en una u otra dirección, y si ese mando va acompañado de liderazgo, se convierte en una fuerza que motiva e impulsa. Porque el liderazgo transforma el mando en propósito y en visión compartida: se trata de generar confianza y movilizar voluntades. En la historia no son pocos los ejemplos de construcción de Estados, imperios y organizaciones bajo el paraguas del mando sin liderazgo, pero modelos así son volátiles y tarde o temprano llevan irremediablemente a su fragmentación y posterior atomización. Por el contrario, un liderazgo comprometido con las personas convierte en protagonista a cada individuo, fomenta su iniciativa y creatividad, y estimula capacidades que permiten desplegar todo su potencial. Bajo estas premisas, se consolidan estructuras organizativas estables, confiables y cohesionadas para alcanzar las metas con eficacia. Como dice el antiguo proverbio chino: “los patos salvajes siguen al líder de su parvada por la forma de su vuelo, no por la fuerza de su graznido”; una metáfora elocuente que recuerda que el verdadero líder –discreto y coherente– no se impone con ruido, sino a través del ejemplo. Solo desde este liderazgo que aúna esfuerzos es posible hacer frente a los retos que debemos superar en materia de seguridad, particularmente complejos en un escenario global tan cambiante, incierto y dinámico como el actual. Un marco que requiere de líderes innovadores que sean flexibles, con valores éticos y morales consolidados. Solo de esta forma seremos capaces de jugar magistralmente las piezas del tablero mundial. Un liderazgo comprometido con las personas FRANCISCO PARDO PIQUERAS Director general de la Policía Nacional 45ANIVERSARIO AUTORIDADES
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