Seguritecnia 517

/ Enero-Febrero 2026 188 Artículo Técnico En agosto de 2025, durante la Feria de Málaga, varias mujeres acudieron a los Puntos Violeta buscando apoyo ante situaciones de acoso en un entorno multitudinario. El distintivo violeta, implantado desde 2021 por el Ministerio de Igualdad, se presentó como un recurso de proximidad capaz de ofrecer atención inmediata y activar mecanismos de protección. La expectativa institucional era clara: proporcionar un espacio accesible, atendido por personal formado y preparado para gestionar incidentes en tiempo real. Sin embargo, la información recogida en la prensa local, informes municipales y análisis técnicos muestra un escenario muy distinto. Se documentaron esperas prolongadas, derivaciones genéricas al 016, ausencia de protocolos y una percepción extendida de que estos puntos funcionaban más como dispositivos de visibilidad que como recursos integrados en el sistema de protección. Estos episodios revelan deficiencias en el diseño, la gobernanza y el despliegue del modelo. La distancia entre la promesa institucional y el funcionamiento real plantea interrogantes sobre su capacidad para ofrecer una respuesta inmediata y coordinada. En este contexto, resulta imprescindible avanzar hacia un enfoque de seguridad inteligente, basado en la anticipación del riesgo, la interpretación de señales débiles y la proactividad incluso en situaciones de crisis. El análisis que aquí se formula no cuestiona en ningún caso la necesidad de combatir la violencia de género, sino la suficiencia técnica y evaluable de sus instrumentos al efecto. Creación y contexto político La implantación de los Puntos Violeta se enmarca en la estrategia estatal derivada del Pacto de Estado de 2017, orientada a ampliar los mecanismos de detección y apoyo frente a la violencia de género. Desde 2021, el Ministerio de Igualdad impulsó la “acreditación” de establecimientos y servicios de uso cotidiano con el fin de extender la red de recursos más allá de los dispositivos especializados. Hasta 2025, esta red ha crecido de forma notable, incorporando miles de ubicaciones permanentes y puntos temporales en eventos de gran afluencia. Institucionalmente se asocia el color violeta con la denuncia y la sensibilización, configurando estos puntos como nodos de proximidad destinados a ofrecer información básica y acompañamiento inicial. La medida se presentó como una vía para facilitar el acceso a la protección en espacios donde pueden producirse situaciones imprevistas que afecten a la seguridad de las mujeres. Modelos de referencia El diseño español se inspira en varias experiencias internacionales que comparten el propósito de ofrecer puntos seguros y mecanismos de intervención rápida: Ask for Angela (Reino Unido), lanzado en 2016; Points violets (Francia), en 2018; o Noctámbul@s (Cataluña), en 2023. Esas iniciativas comparten rasgos clave: formación del personal, protocolos muy detallados, coordinación con policía y servicios sanitarios, y, sobre todo, sistemas de métricas que permiten reforzar, corregir o implementar los ajustes necesarios para mejorar su eficacia y robustez. Ante un marco nacional marcado por una regulación imprecisa y una aplicación limitada, varios países han desarroPuntos Violeta: de la visibilidad simbólica a la seguridad y la protección integral Dr. Martín González y Santiago Doctor en Medicina, Seguridad y Derecho. Investigador (UFP-C y UI-1) y profesor universitario (UFP-C). Analista de Inteligencia y Seguridad *Este artículo es un extracto del original que puede leer completo en la web de Seguritecnia, en la ruta: https://www.seguritecnia.es/actualidad/seguridad-publica/puntos-violeta-de-la-visibilidad-simbolica-a-la-seguridad-y-la-proteccion-integral-hacia-un-modelo-de-seguridad-basado-en-la-evidencia_20260112.html

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