/ Marzo-Abril 2026 34 Resiliencia de Entidades Críticas Vivimos en un mundo tan interconectado que no hace falta dirigir el golpe contra un país concreto para que sus consecuencias le alcancen Durante años, cuando se hablaba de amenazas contra las infraestructuras críticas, el panorama era bastante claro: el terrorismo yihadista por un lado, la ciberdelincuencia por otro, y un sistema de protección que fue madurando para dar respuesta a ambos. Nadie discutía ese diagnóstico. Lo que ocurre es que ese panorama ha cambiado, y lo ha hecho con mayor celeridad de la que muchos esperaban. Desde 2022, la geopolítica ha dejado de ser un elemento de contexto para convertirse en un factor de riesgo directo. El conflicto desatado en febrero de este año entre Estados Unidos, Israel e Irán lo ha puesto en evidencia sin necesidad de argumentos. En pocas horas, una crisis iniciada a miles de kilómetros de aquí repercutió en el precio de la energía, alteró la estabilidad de las rutas marítimas y elevó el nivel de actividad hostil en el ciberespacio. Nadie decidió atacar a España. Sencillamente, vivimos en un mundo tan interconectado que no hace falta dirigir el golpe contra un país concreto para que sus consecuencias le alcancen. Claves del Sistema PIC Cuando comenzaron los ataques, el Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas (CNPIC) remitió de inmediato a todos los operadores críticos una nota informativa con instrucciones de carácter preventivo. No existía en ese momento ninguna amenaza confirmada contra infraestructuras nacionales. Sin embargo, la trayectoria del régimen iraní y de los grupos que actúan bajo su influencia dejaba claro que aguardar a disponer de indicios concretos era arriesgarse a llegar tarde. Esa capacidad de anticipación es, en buena medida, lo que sostiene el funcionamiento del sistema. La Ley 8/2011 y el trabajo acumulado en más de una década de coordinación con los operadores han generado una relación de confianza que permite activar el sistema con rapidez cuando las circunstancias lo exigen. Sin esa base previa, ninguna nota informativa llega a tiempo ni en las condiciones adecuadas para ser útil. Ahora bien, también hay que reconocer que las crisis de origen geopolítico ponen a prueba los límites de cualquier sistema. Se propagan con rapidez, afectan a numerosos sectores simultáneamente y rara vez se ajustan a los guiones que los planes de resiliencia tenían previstos. Eso obliga a revisar de manera continua los supuestos sobre los que trabaja el sistema y a asumir que la adaptación no es una fase del proceso, sino una condición permanente. Sectores más expuestos En cuanto a los sectores con mayor exposición, el energético ocupa, sin duda, el centro de la preocupación actual. La dependencia europea del gas natural licuado procedente de regiones inestables es una vulnerabilidad estructural que ningún operador puede resolver por sí solo. Cuando el estrecho de Ormuz se cierra o las rutas de suministro se ven alteradas, el impacto acaba llegando a las facturas domésticas, a la industria y a los servicios públicos que necesitan del suministro eléctrico para funcionar. Las redes de distribución eléctrica y gasística, además, tienen una capacidad de generar efectos en cadena que las convierte en el principal objetivo para cualquier actor que pretenda causar daño con el menor esfuerzo posible. El nuevo mapa de amenazas para las infraestructuras críticas Ángel Flores Alviz Jefe del Servicio de Inteligencia y Coordinación del Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas (CNPIC)
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