Seguritecnia 519

/ Mayo-Junio 2026 46 Empresas y Empresarios Las falsas alarmas continúan siendo una de las principales problemáticas para las CRA. Desde la perspectiva de CERCA, ¿en qué punto nos encontramos hoy y qué porcentaje de éxito están logrando gracias a los nuevos sistemas de videoverificación? La gestión de las falsas alarmas ha sido probablemente el mayor desafío histórico de las CRA. Durante décadas, la mayoría de las señales recibidas no correspondían a delitos reales, sino a errores humanos, problemas de instalación, mascotas, climatización, fallos de comunicación o usos incorrectos del sistema. ¿Qué porcentaje de éxito tienen los sistemas modernos de verificación? Pues depende de la tecnología utilizada, pero no cabe duda de que la videoverificación ha sido uno de los avances más importantes. El objetivo no es alcanzar un cien por cien de eliminación de falsas alarmas, algo prácticamente imposible, sino acercarse a que los avisos enviados a las FCS tengan una probabilidad muy alta de corresponder a un incidente real. Otro de los grandes retos actuales es la dificultad de las empresas para encontrar personal cualificado. ¿A qué cree que se debe esa complejidad y de qué manera puede hacer frente el sector a este problema? La escasez de operadores de CRA se debe a una combinación de factores laborales, demográficos y del propio sector de la seguridad. Se trata de un trabajo con alta responsabilidad y poco reconocimiento, donde un error puede tener consecuencias importantes, pero no tiene el reconocimiento social de otras profesiones. Están también los factores de conciliación o desgaste. Las CRA funcionamos todo el año, a todas horas, y mucha gente prefiere empleos con horarios más estables, especialmente cuando la diferencia salarial no compensa el sacrificio. A esto se suma el estrés y la fatiga por la necesidad de mantener la concentración durante tantas horas, pues llegan grandes volúmenes de señales simultáneas, clientes nerviosos o enfadados, situaciones de emergencia real… Por otro lado, hoy en día existe mucha competencia con otros sectores, porque los perfiles que encajan bien en una CRA también son demandados por otros. Muchos candidatos optan por trabajos con horarios más cómodos o mejores condiciones. A esto se suma que la rotación es elevada, puesto que es habitual que haya operadores que utilicen el puesto como experiencia inicial. Esto obliga a las empresas a contratar y formar continuamente, con el desgaste emocional que esto supone. Finalmente, otra de las complicaciones de encontrar profesionales es el crecimiento del mercado de alarmas. El número de señales y eventos crece más rápido que la disponibilidad de operadores experimentados. Llevamos años con dificultades para cubrir puestos que requieren trabajo a turnos permanentes. Igualmente está la escasa evolución de la normativa, a pesar de que se han producido cambios importantes en la gestión de alarmas, desde la tecnología hasta la posibilidad de nuevos servicios. ¿Está suponiendo, desde su punto de vista, un freno la regulación? La poca evolución de la normativa de seguridad privada es una preocupación recurrente en el sector, especialmente porque la tecnología avanza mucho más rápido que los marcos regulatorios. Esto genera situaciones en las que las empresas operamos con herramientas y riesgos nuevos bajo reglas diseñadas para realidades muy diferentes. Esto genera un desfase entre la normativa y la tecnología, porque muchas regulaciones fueron concebidas cuando predominaban las alarmas convencionales y la videovigilancia básica. Esto provoca incertidumbre sobre qué tecnologías pueden utilizarse y en qué condiciones, así como interpretaciones diferentes por parte de empresas, clientes y organismos supervisores. Veo también que existe ambigüedad jurídica, que es una de las consecuencias de mayor riesgo legal para operadores y empresas. Otro problema aparte es la dificultad para definir nuevos perfiles profesionales, porque la regulación se centra en categorías profesionales diseñadas para modelos operativos más tradicionales. Y, por último, la norma no está adaptada a las amenazas actuales. La seguridad ya no se limita a intrusiones físicas; la separación entre seguridad física y ciberseguridad resulta cada vez menos realista en la práctica. Las CRA hemos pasado de ser centros que simplemente recibían señales a convertirnos en centros de gestión inteligente de eventos

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