Seguritecnia 519

/ Mayo-Junio 2026 58 Videovigilancia y control de accesos Desplegar un sistema de seguridad tradicional implica una inversión importante: servidores propios, almacenamiento local y técnicos especializados. Es un modelo que sigue muy presente y que muchas empresas aún consideran el estándar. Pero cada vez convive más con una alternativa que gana terreno: la seguridad física en la nube. Gestionar accesos, recibir alertas en tiempo real o revisar grabaciones desde cualquier lugar ya no es algo excepcional, sino una opción accesible para organizaciones de cualquier tamaño. Y quien lo prueba, rara vez quiere volver atrás. La dimensión de este cambio no es menor. Según Gartner, el gasto mundial en servicios de nube pública superó los 723.000 millones de dólares en 2025 y crecerá un 21,3 por ciento solo en 2026, impulsado en buena parte por la integración de inteligencia artificial. La misma firma estima que el 90 por ciento de las organizaciones habrá adoptado estrategias de nube híbrida antes de 2027. No es una tendencia pasajera; es un cambio estructural que ya está ocurriendo, y la seguridad física es uno de sus frentes más activos. Más control del gasto Uno de los primeros impactos que notan las organizaciones al migrar a la nube es el económico. El modelo tradicional, basado en inversiones iniciales difíciles de prever, deja paso a un sistema de suscripción (SaaS) que permite tener un control mucho más claro del gasto. Esto implica la desaparición de buena parte de la infraestructura física, como servidores o sistemas de almacenamiento, así como una reducción significativa de los costes de mantenimiento y formación. El proveedor se encarga de que el sistema funcione correctamente, esté actualizado y disponible en todo momento, lo que simplifica enormemente la gestión. Sin embargo, el ahorro es solo la parte más visible. Detrás aparece un beneficio igual de importante: la agilidad operativa. Una organización que crece, abre nuevas sedes o necesita ampliar su sistema de seguridad puede hacerlo sin tener que replantear toda su infraestructura. Este enfoque permite adaptarse rápidamente a los cambios y reduce la complejidad técnica, liberando al equipo para centrarse en tareas de mayor valor. Es, en definitiva, una forma de trabajar más flexible, ligera y eficiente. Ciberseguridad en la nube Hay un malentendido muy extendido sobre la nube y la seguridad: que externalizar los datos significa perder el control sobre ellos. La realidad es mucho más tranquilizadora. Las plataformas cloud serias están construidas bajo estándares internacionales rigurosos (como la norma ISO/IEC 27017, específica para seguridad en servicios cloud), y sus equipos trabajan continuamente para mantenerlos al día. Algo que, con infraestructura propia, requeriría recursos y dedicación que pocas organizaciones pueden permitirse. A nivel normativo, en Europa, el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) establece la obligación de proteger físicamente los centros de datos mediante controles de acceso, vigilancia y medidas de seguridad organizativa. En España, el Esquema Nacional de Seguridad refuerza estos requisitos para entornos públicos y proveedores críticos, exigiendo auditorías, control perimetral y trazabilidad de accesos. En Estados Unidos, marcos como FedRAMP y NIST Cybersecurity Framework incorporan controles físicos sobre instalaciones y operación. En Asia, la Cybersecurity Law of China exige supervisión estricta de infraestructuras. Todo ello refuerza una seguridad integral física y digital en la nube. En la práctica, esto significa actualizaciones de seguridad automáticas, datos cifrados, accesos verificados con varias capas de autenticación y detección de Seguridad física en la nube: más control, integración total y gestión simplificada José Sirvent Ramos Product Manager Control de Accesos de Casmar

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