Seguritecnia 519

/ Mayo-Junio 2026 62 Videovigilancia y control de accesos Dos sistemas, dos equipos, dos lógicas distintas. Así han funcionado durante décadas la videovigilancia y el control de accesos en la mayoría de organizaciones. Pero ese modelo ya no se sostiene. La convergencia entre ambas disciplinas, impulsada por la inteligencia artificial (IA) y la computación en el extremo, es hoy una condición clave para operar con eficacia en entornos cada vez más complejos y exigentes. El cambio más profundo que ha vivido el sector en los últimos años no afecta a la resolución de imagen o a la conectividad, sino al lugar donde ocurre el procesamiento. Las cámaras de red actuales integran chipsets diseñados específicamente para ejecutar análisis complejos directamente en el dispositivo, sin depender de servidores centrales, sin latencias innecesarias y sin congestionar la red con datos en bruto que sólo resultan relevantes durante fracciones de segundo. Esta capacidad de computación en el extremo –el denominado edge AI– ha transformado la naturaleza del propio sistema de seguridad. Las cámaras ya no sólo transmiten vídeo, sino que generan metadatos: clasifican objetos, distinguen personas de vehículos, detectan comportamientos inusuales, reconocen matrículas y emiten alertas priorizadas, todo en tiempo real y dentro del propio dispositivo. Los metadatos representan así la nueva moneda de valor del sistema. En términos sencillos, son datos que describen los objetos y lo que ocurre en una escena cubierta por la videovigilancia, y su potencial va mucho más allá de la investigación forense. Permiten buscar grabaciones en segundos utilizando búsquedas con descripciones en lenguaje cotidiano y texto libre, supervisar en tiempo real con alertas automáticas, identificar tendencias de comportamiento a lo largo del tiempo y alimentar plataformas de inteligencia empresarial con datos que antes simplemente se perdían. Control de accesos Si la videovigilancia inteligente se ha definido como la primera revolución, la integración con el control de accesos constituye la segunda. Un lector de acceso no actúa únicamente como validador de credenciales. Se trata de un punto de datos que, combinado con la información visual de la cámara, permite verificar que quien accede es quien dice ser, registrar el movimiento de personas en zonas críticas y activar respuestas automáticas ante situaciones anómalas. Los nuevos lectores IP con comunicación cifrada, múltiples métodos de autenticación y gestión remota centralizada representan ya el estándar hacia el que migra el mercado. En entornos logísticos, industriales o de infraestructuras críticas, esta convergencia resulta especialmente relevante. El reconocimiento automático de matrículas facilita el acceso seguro y automatizado de vehículos a los muelles de carga, mientras que la analítica de vídeo permite controlar la velocidad y dirección de vehículos y carretillas elevadoras, ayudando a prevenir accidentes y optimizar el flujo operativo. Las cámaras también pueden verificar el uso de equipos de protección individual (EPI) y emitir recordatorios automáticos en caso de incumplimiento. Protección perimetral Pero el control de accesos comienza mucho antes de las puertas de entrada. Una protección perimetral eficaz exige detectar amenazas antes de que crucen el límite físico de una instalación, en lo que se denomina zona prefronteriza. Aquí, la combinación de cámaras térmicas, radares y analítica basada en IA proporciona una vigilancia continua capaz de identificar intrusos a largas distancias, bajo cualquier condición meteorológica y a cualquier hora del día, minimizando Seguridad física e inteligencia en el dispositivo: una combinación indispensable Alberto Alonso A&E and Compliance Manager en Axis Communications España

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