Seguritecnia 520

Seguridad en hoteles Los sistemas de megafonía y evacuación por voz certificados conforme a la norma EN 54 permiten integrar en una sola plataforma la sonorización del hotel y la evacuación, ejecutando maniobras complejas y escenarios predefinidos para evacuar el edificio de forma ordenada y sectorizada. A ese guion se suman la señalización fotoluminiscente y la iluminación de emergencia, que orientan incluso con humo o sin corriente eléctrica. Y los sistemas de señalización adaptativa dan un paso de gigante: recalculan las rutas en tiempo real según donde se haya declarado el fuego, apartando a las personas de la zona de riesgo en lugar de empujarlas hacia ella. El reto de los 75 dB Hay un aspecto tan crítico como a menudo olvidado: de poco sirve la mejor alarma si no logra despertar a una persona dormida. La normativa es exigente y concreta. Cuando existe necesidad de despertar a los ocupantes, el nivel sonoro en el cabecero de la cama debe alcanzar los 75 dB. La consecuencia práctica es clara: no basta con la instalación de sirenas en los pasillos, hay que llevar el sonido al interior de cada habitación, y ahí surge un reto técnico que muchos proyectos infravaloran: el consumo eléctrico. Porque cuando cada habitación suma su propio detector y su alarma óptico-acústica, la demanda sobre el lazo analógico de la central se dispara, y la potencia de ese lazo pasa a ser un factor decisivo en el diseño. Existen centrales con lazos de alta potencia, capaces de alimentar un gran número de dispositivos sin fuentes adicionales. También existen sirenas con alimentación auxiliar mediante baterías que reducen la demanda de corriente sobre el lazo durante la alarma. Esto permite incrementar el número de dispositivos por lazo o disponer de un mayor margen de diseño sin recurrir a fuentes de alimentación adicionales. Dos caminos distintos hacia la misma meta: instalaciones escalables sin sobresaltos, especialmente en los grandes hoteles. Un sistema integral Los hoteles modernos necesitan sistemas que concilien cuatro exigencias que no siempre van de la mano: seguridad, confort, facilidad de mantenimiento y eficiencia en la instalación. De esa búsqueda nacen los detectores multisensor inteligentes, las sirenas con voz, los dispositivos integrados en el propio detector o los lazos de alta potencia que están redibujando la protección contra incendios del sector. Y, sin embargo, conviene no deslumbrarse con la tecnología. El mejor sistema del mundo es inútil si el personal no sabe reaccionar. Saber usar un extintor, conocer las rutas, mantener la calma cuando los huéspedes no la tienen. Nada de eso se improvisa: se aprende y se practica. La formación periódica es tan parte de la seguridad como el último detector instalado, y los simulacros son la única manera honesta de comprobar que el plan funciona cuando deja de ser un ensayo. Algo parecido ocurre con el mantenimiento, que también salva vidas. El mantenimiento no es un trámite administrativo: es la garantía de que una instalación de protección contra incendios responderá cuando tenga que hacerlo. El RIPCI lo contempla y es obligatorio mantener contratos vigentes con empresas habilitadas: sin ese respaldo, la protección existe sobre el papel, pero no garantiza nada. De ahí el valor creciente de las tecnologías de autocomprobación, que reducen los tiempos de intervención y elevan su fiabilidad. Al final, un hotel bien protegido no es el que mejor reacciona ante un incendio, sino el que ha trabajado para que ese momento no llegue jamás. La detección, la extinción, la sectorización, la evacuación, la formación y el mantenimiento no son piezas sueltas: son partes de un mismo sistema que solo funciona si está completo. Esa es, quizá, la única certeza que cabe en este oficio: la seguridad no se improvisa, se construye día tras día y noche tras noche para que nadie tenga que pensar en ella. / Julio-Agosto 2026 17

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