/ Julio-Agosto 2026 44 Protección contra Incendios Cada verano, las imágenes de grandes incendios forestales ocupan durante días portadas y telediarios. Miles de hectáreas calcinadas, vecinos evacuados, importantes despliegues de medios terrestres y aéreos y condiciones meteorológicas extremas se han convertido ya en una escena habitual de los veranos en España. Sin embargo, detrás de cada incendio existe una realidad menos visible que explica por qué hoy resulta mucho más difícil controlar el fuego que hace apenas unas décadas. Escenario delicado Este año, las abundantes precipitaciones registradas durante la primavera han favorecido un importante crecimiento de vegetación y sotobosque en buena parte del país. Esa mayor carga de combustible vegetal, unida a los episodios de calor extremo cada vez más tempranos e intensos, crea unas condiciones especialmente favorables para la rápida propagación del fuego. El resultado es un escenario especialmente delicado. Aunque el número de incendios no tenga por qué aumentar de forma significativa, cualquier ignición puede encontrar unas condiciones que favorezcan una propagación mucho más rápida y un comportamiento más agresivo del fuego. No se trata únicamente de una cuestión meteorológica puntual. El cambio climático está modificando progresivamente las condiciones en las que se desarrollan los incendios forestales. Las temporadas de riesgo se alargan, las olas de calor son más frecuentes, las sequías más intensas y las ventanas de oportunidad para que un incendio evolucione hacia un gran incendio forestal son cada vez mayores. Como consecuencia, los servicios de extinción se enfrentan hoy a incendios mucho más extremos que hace apenas 20 o 30 años. Gestión del territorio El incendio comienza con una ignición, pero el riesgo de que se convierta en un gran incendio forestal se construye durante años. La acumulación de combustible vegetal, el abandono del territorio y la continuidad de las masas forestales favorecen que el fuego pueda propagarse con mucha mayor rapidez e intensidad. El abandono progresivo del medio rural durante las últimas décadas ha transformado profundamente el paisaje español. Allí donde antes existían cultivos, pastos, viñedos o explotaciones agrícolas, hoy predominan masas forestales continuas que incrementan la cantidad de combustible vegetal y facilitan la propagación del fuego. En Cataluña, por ejemplo, el bosque ocupa hoy cerca del 65 por ciento del territorio, frente al 35 por ciento de hace unas décadas. Aunque la evolución no es idéntica en todas las comunidades autónomas, la tendencia es similar en buena parte de España: menos actividad agrícola y forestal, más continuidad de la masa vegetal y, por tanto, más facilidad para que un incendio avance sin encontrar barreras naturales. Por eso, la gestión del territorio se ha convertido en uno de los principales retos de la prevención. La actividad agrícola, ganadera y forestal no solo genera riqueza y empleo en el medio rural, también desempeña una función esencial en la creación de discontinuidades del combustible vegetal que dificultan el avance del fuego y facilitan el trabajo de los servicios de extinción. Fomentar que la población pueda seguir viviendo y desarrollando su actividad económica en el medio rural constituye una de las medidas de prevención más eficaces para reducir el riesgo de grandes incendios forestales. Apostar por la economía de proximidad y por los productos vinculados al territorio no es únicamente una decisión de consumo, también contribuye a mantener un paiLos grandes incendios obligan a replantear la estrategia Ramón María Bosch Responsable del Comité Sectorial de Incendios Forestales de Tecnifuego
RkJQdWJsaXNoZXIy MTI4MzQz