/ Julio-Agosto 2026 50 Protección contra Incendios Durante décadas, la protección contra incendios se ha basado en el conocimiento de riesgos relativamente conocidos y predecibles. Aunque los escenarios podían variar según la actividad o el tipo de instalación, los profesionales de la seguridad disponían de una amplia experiencia sobre cómo se comporta el fuego y cuáles son las medidas más adecuadas para prevenirlo o combatirlo. Sin embargo, la transición energética está introduciendo nuevos elementos que obligan a replantear algunos conceptos tradicionales. Las baterías de ion-litio se han convertido en una pieza fundamental de nuestra sociedad. Están presentes en vehículos eléctricos, carretillas elevadoras, sistemas de alimentación ininterrumpida (SAI), instalaciones fotovoltaicas con acumulación de energía, centros de datos, sistemas de telecomunicaciones y un número creciente de aplicaciones industriales y comerciales. En muchas organizaciones, estas tecnologías han llegado de forma gradual: puntos de recarga, instalaciones fotovoltaicas o equipos eléctricos que han sustituido a sistemas convencionales. Hoy resulta evidente que las baterías de litio ya forman parte de nuestras infraestructuras críticas. Y con ellas aparece un riesgo que merece una atención específica. Comportamiento distinto La cuestión no es que las baterías de litio sean intrínsecamente peligrosas. De hecho, millones de ellas funcionan en todo el mundo sin incidentes. El problema surge cuando se produce un fallo grave. A diferencia de otros materiales combustibles, las baterías de ion-litio pueden experimentar un fenómeno conocido como fuga térmica o thermal runaway. Se trata de una reacción interna en cadena que provoca un aumento descontrolado de temperatura y que puede derivar en incendio, explosión o emisión de gases potencialmente peligrosos. Cuando esto ocurre, el comportamiento del fuego presenta características muy diferentes a las de un incendio convencional. La reacción puede propagarse entre celdas adyacentes. El acceso al foco suele ser complicado. Los procesos de extinción pueden prolongarse durante horas. En determinados casos puede ser necesario aplicar grandes cantidades de agua para controlar la temperatura y evitar reactivaciones posteriores. Además, el riesgo de reignición puede mantenerse incluso después de que el incendio parezca extinguido. A ello se suma un aspecto cada vez más relevante desde el punto de vista medioambiental: la gestión de las aguas resultantes de las tareas de extinción. En incendios de vehículos eléctricos, carretillas o sistemas de almacenamiento energético, el agua empleada puede contaminarse y requerir sistemas específicos de recogida y tratamiento para evitar su vertido al alcantarillado público. Por ello, las estrategias de protección deben revisarse cuando existe una presencia significativa de baterías de ion-litio. Un riesgo muy extendido Uno de los errores más habituales es asociar este riesgo exclusivamente al vehículo eléctrico. Sin duda, los aparcamientos con puntos de recarga representan uno de los escenarios que más atención mediática reciben, pero la realidad es mucho más amplia. Las baterías están entrando masivamente en almacenes logísticos mediante carretillas eléctricas. Forman parte de los sistemas de respaldo energético que garantizan la continuidad de negocio en hospitales, centros de datos e infraestructuras críticas. Son un componente esencial de los sistemas de almacenamiento asociados a instalaciones solares fotovoltaicas. Incluso aparecen cada vez con mayor frecuencia en edificios de oficinas, centros comerciales e instalaciones industriales. Baterías de litio: un riesgo emergente que ya forma parte de nuestras instalaciones David Beltrán CEO de Scutum Iberia
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