Seguritecnia 520

Protección contra Incendios La pregunta ya no es si una organización tendrá baterías de litio en sus instalaciones. La pregunta es cuántas tiene hoy y cuántas tendrá dentro de cinco años. Nueva clase de fuego La creciente relevancia de este riesgo ha tenido una consecuencia significativa en el ámbito normativo. Desde enero de 2026, la norma ISO 3941 incorpora la nueva clase de fuego L, destinada específicamente a incendios relacionados con baterías de ion-litio. No estamos ante una simple actualización terminológica, sino ante el reconocimiento de que determinadas tecnologías presentan características suficientemente diferenciadas como para requerir una clasificación propia. Este hecho constituye una señal importante para responsables de seguridad, facility managers, ingenierías y propietarios de instalaciones. La comunidad técnica internacional está reconociendo formalmente que los incendios asociados a baterías de litio requieren una aproximación específica. Pero como sucede cuando aparece una nueva tecnología, la normativa avanza por fases. La clasificación ya existe, pero la adaptación de reglamentos, procedimientos, criterios de diseño y certificaciones de producto aún se encuentra en proceso de evolución. El riesgo ya está aquí, aunque parte de las respuestas normativas todavía estén desarrollándose. Soluciones simplistas Cuando surge un nuevo riesgo, el mercado suele reaccionar con rapidez. Aparecen nuevas tecnologías, sistemas y promesas. Es lógico que muchos responsables se pregunten cuál es el mejor equipo para proteger una instalación con baterías de litio o qué sistema deberían incorporar para resolver el problema. Sin embargo, la realidad es que no existe una única solución válida para todos los escenarios. No es comparable la protección de un aparcamiento con vehículos eléctricos a la de un almacén logístico con decenas de carretillas elevadoras. Tampoco presenta los mismos retos una sala de baterías de respaldo en un centro de datos que una instalación de almacenamiento energético vinculada a una planta fotovoltaica. Cada entorno tiene características concretas, riesgos específicos y consecuencias potenciales distintas. Por ello, el enfoque más eficaz consiste en diseñar una estrategia global adaptada al riesgo real de cada instalación. Preguntas relevantes Quizá la principal reflexión que deberían plantearse muchas organizaciones es si este riesgo está siendo considerado de forma explícita dentro de sus procesos de evaluación. ¿Se han revisado los análisis de riesgos tras la incorporación de puntos de recarga? ¿Se han actualizado los planes de emergencia para contemplar escenarios relacionados con baterías de litio? ¿Se han definido protocolos de actuación específicos para los equipos de mantenimiento y seguridad? Estas preguntas son cada vez más relevantes porque la electrificación continúa avanzando y la presencia de baterías seguirá creciendo. Diseñar antes que comprar La protección eficaz frente a este tipo de riesgos rara vez depende de una medida. La solución suele construirse mediante la combinación de evaluación de riesgos, detección temprana, sectorización, protección activa, cámaras térmicas y termográficas, monitorización 24/7, sistemas de extinción, ventilación, procedimientos operativos, formación del personal y planes de emergencia. Hablamos de diseñar sistemas completos y coherentes. Y es ahí donde cobra valor el asesoramiento especializado: analizar cada instalación, comprender sus particularidades y definir una estrategia integral que permita gestionar el riesgo de forma proporcionada y eficaz. Porque las baterías de litio no son una tecnología del futuro; ya forman parte del presente. La cuestión no es si debemos convivir con ellas, sino si estamos preparados para gestionar adecuadamente los nuevos riesgos que traen consigo. / Julio-Agosto 2026 51

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