/ Julio-Agosto 2026 82 Inteligencia y Seguridad Hablar de Ormuz es hacerlo del estrecho que abre el golfo Arábigo/Pérsico1. El 28 de febrero del presente año, un ataque coordinado de fuerzas aéreas de EEUU e Israel descabezó el gobierno de Irán y, con posterioridad, destruyó aeropuertos militares, lanzaderas de misiles, áreas portuarias y depósitos de munición. La armada iraní ha desaparecido, con excepción de dos buques refugiados en puertos indios y uno en Sri Lanka, además de lanchas de ataque de reducida eslora. La Guardia Revolucionaria ha sido diezmada en sus propios cuarteles. La fuerza aérea iraní, destruida u oculta, no opera. La respuesta iraní ha sido bombardear con misiles a todos sus países vecinos del Golfo2, salvo Omán. Ordenó a Hezbollah atacar por enésima vez zonas civiles de Israel. Adicionalmente, bloqueó el paso por el estrecho de Ormuz, generando fuertes distorsiones en los precios de gas natural y crudo, así como en los de otros productos. Con ello pretendía internacionalizar el conflicto y asestar un golpe importante a la economía de sus enemigos sunníes, amén de seguir desestabilizando Israel3 con la ayuda de sus peleles (proxies), Hezbollah y Hamas. La respuesta estadounidense fue inmediata, tanto desde el punto de vista de la destrucción de lanchas de asalto como por vía del bloqueo completo y, sine die, de las exportaciones iraníes de crudo. Este fue el factor desencadenante de la rendición iraní, que obviamente el régimen de los ayatolás no va a reconocer, pero es un hecho. Sin poder extraer y exportar su petróleo, Irán pierde su gran baza económica y, peor aún, destruye sus pozos si no puede extraer el crudo que mana de ellos. Era cuestión de tiempo. Comportamiento iraní El comportamiento iraní no es nuevo, no es fácilmente contenible y obedece a razones más religiosas que estratégicas, más de genocidio antiisraelí que de control de la zona por un poder militar concreto. Al obedecer a pulsiones irracionales, cualquier consideración geopolítica sobre este tipo de regímenes resulta técnicamente inviable. Con ellos no hay negociación posible, pues no hay respeto alguno a la palabra dada, no hay acuerdo que no admita marcha atrás, no hay mentira que no pueda ser planteada y expuesta. Y no hay valoración estricta de sus posibilidades operativas en los ámbitos militar, económico o comercial: la única lógica es la de la supervivencia de las elites sucesivas que se turnan en el poder en Teherán. Su pueblo no importa. Los muertos no importan. La destrucción no importa. El futuro puede no existir. Se trata solo de permanecer en el poder a toda costa. Trump-Pezeshkian Bien, pues, con todo y con esto, el presidente Trump firmó el 18 de junio con el presidente iraní Masoud Pezeshkian4 un MoU o Memorandum of Understanding5; es decir, un Memorando de Entendimiento (MOU)6 para detener los enfrentamientos, liberar el paso de buques por el estrecho de Ormuz y establecer las bases para un Acuerdo de Paz eventualmente duradero7. Les recomiendo su lectura. Si lo hacen, ya habrán ido más allá que el 90 por ciento de los opinadores del mundo y, sobre todo, entenderán los porqués. Cuando una de las dos partes en conflicto saca los pies del tiesto correspondiente a los intereses puros y duros de su país para depositarlos, en todo o en parte, en ámbitos de irracionalidad, los acuerdos duraderos resultan imposibles y el resultado del enfrentamiento suele conducir a la obliteración del más débil8. En este caso no ha sido así, pero podría serlo si el MOU no se materializa en un acuerdo9. Conflicto en Oriente Próximo: las enseñanzas de Ormuz José Ramón Ferrandis Muñoz Analista
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