Seguridad en Hospitales Planes de emergencia y protocolos que existen en papel pero que no se revisan, simulan ni auditan. Esta desigualdad me parece lo más grave: el profesional y el ciudadano reciben distinto nivel de protección según la comunidad en la que trabajen o enfermen. No la corrige la buena voluntad de cada gerencia; solo la corrige una regla común. Reglamento técnico Hablo de reglamento técnico y no de norma técnica, y no es un matiz menor. Una norma técnica en sentido estricto es de aplicación voluntaria. Para obligar hace falta una disposición normativa, estatal en sus mínimos y con desarrollo autonómico, que fije requisitos exigibles y sancionables. Podrá remitirse a estándares reconocidos donde existan, pero no debe depender de ellos. Debería elaborarlo una mesa conjunta de Sanidad e Interior, con la Unidad Central de Seguridad Privada, el Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas (CNPIC), directores de seguridad, colegios profesionales sanitarios y cuerpos policiales. Un texto sin conocimiento del terreno operativo nacería muerto. Mi propuesta se resume en cinco exigencias mínimas: 1.Dirección de Seguridad. Un director acreditado y un departamento formalmente constituido en los hospitales que superen un umbral de camas o actividad, integrado en el organigrama directivo. 2.Gestión del riesgo. Análisis de riesgos y plan de seguridad obligatorios, revisados periódicamente y sometidos a auditoría. 3.Infraestructura mínima. Zonificación por niveles de riesgo, esclusas de control en áreas sensibles y protección física en los puntos de admisión. 4. Emergencias e incidentes. Planes de emergencia probados con simulacros, dispositivos para personal aislado, centro de gestión de alarmas, análisis de causas de cada incidente y protocolo unificado con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. 5.Medios y personas. Requisitos técnicos mínimos de intrusión y videovigilancia definidos por el propio reglamento, formación específica y continua de los vigilantes y pliegos que premien la calidad por encima del precio hora. Hacia dónde evolucionar La seguridad hospitalaria del futuro se diseña antes de colocar la primera piedra: incorporada al proyecto de los nuevos hospitales, no añadida después a golpe de reforma. Integrará lo físico y lo digital bajo un mismo gobierno del riesgo, en línea con la exigencia europea de resiliencia de entidades críticas y ciberseguridad. Se medirá con un registro común de incidentes que permita comparar centros y comunidades. Y usará la analítica de vídeo y la inteligencia artificial como apoyo a la decisión humana, nunca en su lugar, y con pleno respeto al Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y al Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial. Un reglamento así no es un gasto burocrático: es una inversión. Significa continuidad de quirófanos, laboratorios y urgencias ante un incidente. Significa proteger a profesionales y pacientes con un criterio homogéneo y retener talento en un sistema que lo necesita. Significa dejar de comprar tecnología inservible y de adjudicar vigilancia por precio hora. Y significa que la seguridad deje de percibirse como un elemento policial y reactivo para ser lo que es: parte de la calidad asistencial. Conclusión La sanidad española ha avanzado de forma extraordinaria en tecnología médica, farmacología y calidad asistencial. Me resulta inaceptable que esa vanguardia conviva con protecciones improvisadas. Ninguna organización moderna puede tratar la seguridad física como algo secundario, y menos aun cuando lo que está en juego es la integridad de quienes cuidan y la resiliencia de nuestras infraestructuras más vitales. Un reglamento técnico obligatorio de seguridad hospitalaria no es un capricho: es una deuda institucional pendiente. Cuanto antes se salde, antes volverán nuestros hospitales a ser lo que nunca debieron dejar de ser: lugares seguros. / Septiembre-Octubre 2026 31
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