/ Septiembre-Octubre 2026 38 Seguridad en Hospitales A las tres de la madrugada, mientras buena parte de las infraestructuras corporativas está prácticamente vacía, un hospital recibe en urgencias a pacientes, el personal sanitario cambia de turno, las farmacias dispensan medicamentos esenciales y el personal de mantenimiento atiende fallos en zonas especialmente sensibles. Esta casuística plantea una paradoja singular: cuanto mayor es la criticidad de la instalación, mayor debería ser su protección. Pero la propia naturaleza del hospital obliga a mantener la infraestructura permanentemente accesible. Estrategia diferente Lo cierto es que los complejos sanitarios no pueden protegerse como un edificio convencional. Necesitan, obligatoriamente, compatibilizar disponibilidad, circulación y protección para garantizar que su atención asistencial se desarrolle con normalidad. A todo ello se suma que dentro de un mismo hospital conviven zonas con diversos niveles de criticidad, desde vestíbulos públicos, salas de urgencias, consultas, zonas administrativas o habitaciones de hospitalización hasta quirófanos, laboratorios, UCI, CPD internos, salas blancas o farmacias. Como es evidente, aplicar a todas ellas una política uniforme conduciría a dos escenarios igualmente problemáticos: controles insuficientes en los espacios críticos o una fricción innecesaria en áreas de menor riesgo. Por ello, clasificar los espacios atendiendo al impacto potencial de un acceso indebido y establecer medidas proporcionales es el primer paso. Pero zonificar los espacios no es suficiente, es necesario trasladar esta información a la arquitectura de permisos. Este punto va mucho más allá de otorgar autorizaciones generales acorde al perfil, requiere gestionar identidades según la función real que desempeña esa persona concreta en el hospital. De esta manera, dos trabajadores con el mismo puesto no necesariamente tienen que acceder a las mismas zonas ni en el mismo momento. Es preciso contar con una visión más amplia teniendo en cuenta zonas de intervención, calendarios, franjas horarias y permisos temporales, así como los procesos automáticos de alta y baja recogidos en el ERP del hospital; solo de esta manera se podrán reducir los privilegios innecesarios y minimizar las potenciales amenazas. Este criterio no se aplica únicamente al personal, también a pacientes o familiares. En estos casos, es imprescindible contar con una gestión de visitas correcta que permita otorgar permisos asociados a una zona y franja horaria determinada, evitando desplazamientos injustificados y teniendo plena trazabilidad de sus movimientos. Proteger sin interferir Otra realidad incómoda a la que se enfrentan los centros sanitarios es que un control excesivamente complejo puede terminar interfiriendo con la actividad asistencial. Por poner un ejemplo, exigir una autentificación multifactorial en cada puerta, independientemente del riesgo, puede aumentar significativamente los tiempos y favorecer comportamientos no deseados por parte del personal, como mantener las puertas abiertas. Así, esta medida de seguridad solo debería aplicarse en zonas sensibles donde sea razonable exigir un segundo factor, como quirófanos, farmacias, salas blancas, CPD o laboratorios. Según el grado de criticidad, también se podrían implementar otras medidas más avanzadas, como biometría, antipassback, esclusas, función escolta o el control de permanencia para detectar estancias anormalmente prolongadas. Los hospitales: una infraestructura crítica como ninguna otra José Miguel García Director comercial nacional de Dorlet
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