Seguritecnia 521

Reportaje turas, las llamas se extendieron velozmente por el valle del Alberche y terminó convergiendo con otros focos de la zona, como el de Villa del Prado o el procedente del este de Ávila. Arrasó 18.539 hectáreas. Las Peñas de Riglos (Huesca). Puso en riesgo entornos de un incalculable valor natural y patrimonial. Se mantuvo activo durante más de un mes, quemando 16.521 hectáreas y obligando a evacuar a más de un millar de habitantes de varios municipios oscenses. Orés (Zaragoza). Conocido mediáticamente como el incendio de las Cinco Villas, pasará a la historia por ser, hasta el momento, el incendio forestal más asolador de cuantos se han registrado en la comunidad aragonesa: 11.319 hectáreas fueron pasto de las llamas. Orígenes y víctimas Por lo que respecta a los orígenes de esos grandes incendios forestales, las imprudencias y negligencias en el uso de maquinaria como martillos hidráulicos, desbrozadoras o cosechadoras están detrás de algunos de ellos. Y también los accidentes fortuitos –por ejemplo, la combustión de un vehículo en la carretera M-501 desencadenó el fuego en San Martín de Valdeiglesias–. Y al margen de los preocupantes datos relativos a las hectáreas calcinadas y los bienes afectados, el balance no puede olvidarse de la tragedia humana: este año, los incendios forestales se han cobrado la vida de 16 personas; de ellas, 14 participaban en labores de rastreo e identificación, una pertenecía a la Unidad Militar de Emergencias (UME) y otra falleció debido a la inhalación de humo. Víctimas a las que deben sumarse decenas de heridos de diversa consideración. Creciente gravedad Al ser preguntados por Seguritecnia sobre las causas de los incendios forestales registrados en España en los últimos años, desde la Asociación Española de Lucha contra el Fuego (ASELF) señalan que “la creciente gravedad responde a una modificación de las condiciones que determinan el comportamiento del fuego. El aumento de las temperaturas, las sequías prolongadas y la reducción de la humedad de la vegetación favorecen incendios más intensos y difíciles de controlar. Y a ello se suma el abandono de actividades agrícolas, ganaderas y forestales, que incrementa la acumulación y continuidad del combustible vegetal”. “Además, el crecimiento de la interfaz urbano-forestal aumenta la exposición de personas, viviendas e infraestructuras y obliga a destinar recursos a su protección. Otro factor crítico es la simultaneidad de grandes incendios, que fuerza a distribuir los medios disponibles. Finalmente, se echa en falta disponer de un catálogo actualizado de recursos humanos y materiales que identifique su titularidad, capacidades, disponibilidad, ubicación y procedimientos para su movilización”, advierte ASELF. Por su parte, la Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios (Tecnifuego) observa que “las altas temperaturas, los periodos de sequía, la acumulación y continuidad del combustible vegetal y el abandono rural favorecen incendios de mayor intensidad y rápida propagación. A ello se añaden posibles focos de ignición, como los incendios de vehículos. En determinadas condiciones, el fuego puede alcanzar una intensidad que llegue a superar la capacidad de los medios de extinción”. Prevención y extinción Ante una situación tan preocupante, ¿cuáles son las principales necesidades de prevención y extinción para paliar los efectos de los incendios forestales en nuestro país? En este sentido, en ASELF opinan que “la prioridad debe ser actuar sobre el territorio antes de que se produzca el incendio. Es necesario reducir la carga y continuidad del combustible mediante una gestión forestal activa, recuperar actividades agrícolas y ganaderas y crear paisajes más resistentes al fuego. Del mismo modo, tiene que reforzarse la protección de la interfaz urbano-forestal con planificación, autoprotección, información y preparación de la población”. “En extinción, necesitamos dispositivos dimensionados para afrontar grandes incendios simultáneos, mejorar la formación y seguridad del personal y avanzar en procedimientos comunes, interoperabilidad, comunicaciones, logística y coordinación. Igualmente, es necesario conocer previamente todas las capacidades disponibles, públicas y privadas, mediante catálogos actualizados que permitan su rápida movilización. Por último, hay que potenciar el análisis, la predicción del comportamiento del fuego y la incorporación de nuevas tecnologías. El objetivo no puede ser únicamente extinguir mejor, sino conseguir territorios en los que los incendios sean menos graves”, concluyen desde ASELF. Al respecto, Tecnifuego coincide en que, en lo referente a la prevención, “la respuesta no puede descansar únicamente en disponer de más medios de extinción. Hay que actuar sobre el territorio durante todo el año para reducir la continuidad del combustible y mejorar la protección de las zonas de interfaz urbano-forestal. También es necesario disponer de infraestructuras adecuadas, como hidrantes que faciliten el abastecimiento de agua a los medios de extinción. Cuanto mayor es la inten- / Septiembre-Octubre 2026 51

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