Seguritecnia 521

/ Septiembre-Octubre 2026 52 Reportaje cendios aumentaron aproximadamente un 60 por ciento. En los bosques boreales de América del Norte, Europa y Asia Central, esas emisiones casi se triplicaron durante el mismo periodo. Y la organización recuerda que, además, los incendios destruyen viviendas, infraestructuras y explotaciones agrícolas, obligan a evacuar poblaciones enteras y deterioran la calidad del aire incluso a cientos de kilómetros del foco. ¿Cómo prevenirlos? La ONU insiste en que la prevención debe convertirse en el principal pilar de la lucha contra los incendios forestales. Para ello, propone una estrategia que combine la gestión sostenible de los bosques con nuevas tecnologías capaces de anticipar los riesgos y detectar los incendios en sus fases iniciales. Entre las principales recomendaciones destacan: Gestionar los bosques para reducir la acumulación de vegetación combustible. Evaluar de forma continua el riesgo de incendio. Reforzar la vigilancia y los sistemas de detección temprana. Aplicar restricciones temporales durante los periodos de mayor peligro. Restaurar las zonas afectadas para recuperar su capacidad de resiliencia. En materia de prevención, la innovación tecnológica desempeña un papel cada vez más relevante, como lo demuestra el uso de sistemas de inteligencia artificial, vigilancia con satélites y elaboración de mapas de riesgo en tiempo real para localizar los focos de incendio con mayor rapidez y facilitar una intervención temprana de los servicios de emergencia. alto riesgo y un mayor control de las actividades que puedan provocar un incendio. Cambio climático Sobre si el cambio climático influye en los incendios forestales, la respuesta de la ONU es afirmativa, aunque con un matiz importante: el cambio climático no suele originar los incendios, pero sí crea las condiciones para que sean más frecuentes, intensos y difíciles de controlar. El aumento de las temperaturas, las sequías prolongadas, las olas de calor y la alteración de los patrones de lluvia prolongan las temporadas de incendios y favorecen que las llamas se propaguen con mayor rapidez. Consecuencia de ello, regiones que hasta hace pocos años apenas registraban grandes incendios comienzan ahora a enfrentarse a campañas cada vez más severas. Paola Deda, directora de la División de Medio Ambiente y Bosques de la CEPE-ONU, asegura que cada verano confirma una realidad cada vez más evidente: los incendios forestales han dejado de ser un fenómeno excepcional para convertirse en una consecuencia previsible del calentamiento global. A su juicio, la mejor respuesta pasa por reforzar la prevención y avanzar hacia una gestión sostenible de los bosques y de los paisajes. Además, la ONU advierte que se está generando un círculo vicioso. El calentamiento favorece incendios de mayor magnitud y estos, a su vez, liberan enormes cantidades de dióxido de carbono (CO2), contribuyendo a acelerar el cambio climático. Así lo confirman las cifras: En 2021, los incendios forestales emitieron alrededor de 1.800 millones de toneladas de CO2. Entre 2001 y 2023, las emisiones mundiales relacionadas con los insidad del incendio, más difícil resulta controlarlo”. Panorama global En el ámbito internacional, los incendios forestales arrasaron cerca de seis millones de hectáreas en Europa y América del Norte hasta el pasado mes de julio, un balance que vuelve a situar a este fenómeno entre las mayores amenazas para el medio ambiente, la economía y la seguridad de la población. Si nos centramos en nuestro continente, ya se han quemado casi medio millón de hectáreas según la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (CEPEONU). Actividad humana Aunque las imágenes de bosques envueltos en llamas suelen asociarse a las olas de calor, la ONU recuerda que la actividad humana sigue siendo el principal desencadenante de los incendios forestales. Concretamente, nueve de cada diez incendios tienen origen humano, ya sea por negligencias o por acciones intencionadas. Respecto a cuáles son las causas que están detrás del origen de los incendios forestales, figuran las siguientes: Negligencias durante actividades en montes y espacios naturales. Quemas agrícolas o de restos vegetales sin las medidas de seguridad adecuadas. Incumplimiento de las restricciones durante episodios de riesgo extremo. Incendios provocados de forma deliberada. La ONU sostiene que reducir estos comportamientos debe convertirse en una prioridad para las administraciones. Entre las medidas propuestas figuran campañas de sensibilización, una regulación más estricta en periodos de

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