/ Septiembre-Octubre 2026 68 Centrales Receptoras de Alarmas Cuando hablamos de empresas que desarrollan la actividad de central receptora de alarmas (CRA), tendemos a considerarlas similares a todas ellas, pero la realidad es bien distinta. Todas tienen factores comunes, como cumplir con las mismas obligaciones legales en seguridad privada, pero también diferentes motivaciones para prestar el servicio, así como para combinarlo o no con otros compatibles ajenos a la seguridad privada (artículo 6 de la Ley de Seguridad Privada). La mayoría son pymes. Detrás de muchas hay grupos, holdings y fondos de inversión que ven en esta actividad una inversión interesante. Los mercados a los que se dirigen difieren. Las diferencias entre los líderes y el resto son enormes. Algunas no son empresas de seguridad, las denominadas de uso propio, que actúan en autoservicio. Y derivado de todo ello surgen diversos enfoques y modelos de organización. Además, todas comparten ciertos problemas, frente a los cuales se debe luchar desde el asociacionismo. Así que vamos a hacer una radiografía de toda esta realidad para conocerlas mejor. Declive de empresas La reducción y concentración de empresas que desarrollan la actividad de CRA prosigue. Basta observar la evolución de los registros oficiales. En el de Policía Nacional (febrero 2026) constan 119 habilitadas. Observo dos inoperativas por estar en liquidación y alguna recientemente absorbida, pero contabilizo todas para compararlo con el anterior. Hay cuatro menos. Si incluimos las del registro catalán, ninguna en el de la Ertzaintza, alcanzan las 124. Alguna corporación tiene más de una registrada, por lo que, si las considero una misma unidad, bajan a 115 las organizaciones empresariales prestatarias de este servicio de seguridad. Entre los tres registros hay 1.548 empresas de seguridad, las 124 CRA suponen un 8 por ciento. Recuerdo que hace años llegó a haber unas 160, un descenso del 25 por ciento. Respecto a nuevas habilitaciones, desde 2021 aparecen solo tres. Dos ampliaciones de actividad de empresas ya existentes y otra de una que ya era CRA y ha habilitado una segunda sociedad. Seguirá habiendo casos de nuevas habilitaciones como solución o estrategia para solventar ciertas necesidades de empresas y colectivos que ya operan en seguridad privada, como, por ejemplo, entre empresas de vigilancia y grupos de instaladores. De actores nuevos, no observo ninguna. Concluyo evidenciando que continúa un balance de lento declive. Constato que las bajas se producen entre empresas decanas. Algunas cesan solo esa actividad, manteniendo otros servicios de seguridad. Otras han vendido la empresa completa, con posterior desaparición, bien a otra que ejerce la misma actividad o a una de sector distinto que diversifica y entra en la seguridad privada. Hay sinergias con servicios recurrentes de otros sectores, por ejemplo, las telecomunicaciones. También hay casos de continuidad de la empresa, pero tras la venta total o parcial del accionariado a holdings o fondos de inversión, frecuentemente extranjeros, que ven en esta actividad una interesante inversión. El vendedor suele ser una pyme para quien explotar este negocio dejó de ser interesante. Demasiados riesgos y problemas para obtener una rentabilidad cada vez más ajustada: tremenda presión competencial; aumentan las demandas de aseguradoras propiciadas por el irregular marco legal (situación comentada hasta la saciedad sin que quien debe tratar de corregirla colabore al menos intentándolo); sufren más ciberataques que nunca, a los que una CRA está muy expuesta y requieren gran esfuerzo en ciberprotección; y precisan acometer nuevas inversiones constantemente para El heterogéneo mundo de las CRA: un mismo concepto, diferentes realidades José Ramón Becerra Fiaño Expresidente y miembro honorifico de AESCRA (Asociación Española de Centrales Receptoras de Alarmas), perteneciente a la Federación Empresarial Española de Seguridad (FES)
RkJQdWJsaXNoZXIy MTI4MzQz