/ Septiembre-Octubre 2026 78 Centrales Receptoras de Alarmas El reciente Manifiesto 2030 de AES plantea una cuestión que el sector no debería aplazar: qué misión tienen que asumir las centrales receptoras de alarmas (CRA) en España. La función de las CRA ha estado bien delimitada durante décadas dentro del modelo español de seguridad privada. Su actividad se ha centrado en recibir y verificar señales de alarma, comunicarlas a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad cuando corresponde y prestar determinados servicios de respuesta. Necesidades operativas Ese modelo sigue siendo necesario, aunque ya no cubre por sí solo todas las necesidades operativas de sus clientes. Las empresas protegen hoy más activos, más procesos y más información que hace unos años. También gestionan de otra forma los riesgos que pueden interrumpir su actividad. La CRA, como uno de los principales apoyos operativos de los departamentos de Seguridad, no puede quedar al margen de ese cambio. La Ley 5/2014 de Seguridad Privada considera la centralización de alarmas como una actividad reservada a empresas de seguridad autorizadas. Comprende la recepción, gestión y verificación de alarmas y, cuando corresponde, su transmisión a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y determinados servicios de respuesta. En la práctica, la actividad de muchas centrales ya supera esa descripción básica. Además de alarmas de intrusión o atraco, gestionan señales técnicas, supervisan sistemas de protección contra incendios, atienden interfonía, realizan aperturas remotas, contactan con el personal de las instalaciones y activan procedimientos acordados con sus clientes. Estas tareas acercan la CRA a un centro remoto de operaciones de seguridad, con una visión más amplia de lo que ocurre en cada instalación. Gestión de incidentes La evolución de los departamentos de Seguridad permite entender mejor por qué se necesitan esas nuevas funciones. La seguridad corporativa no se limita al robo, la intrusión o la agresión. También debe proteger la información, los procesos, los proveedores y los sistemas tecnológicos de los que depende la continuidad de la actividad. Varios de los marcos que están orientando esta evolución comparten esa visión. El modelo Enterprise Security Risk Management (ESRM), promovido por ASIS International, vincula la seguridad con los riesgos y objetivos de la organización. En este modelo, Seguridad no se ocupa únicamente de sus propios sistemas; ayuda a tomar decisiones sobre riesgos y trabaja con los responsables de los activos y procesos que deben protegerse. La directiva europea CER aborda la misma cuestión desde la resiliencia. Su enfoque pone el acento en la capacidad de las entidades críticas para prevenir y resistir incidentes, responder a ellos y recuperar la prestación de sus servicios. Por su parte, el Manifiesto 2030 de AES identifica CER y NIS2 como elementos relevantes de esta evolución y señala la creciente relación entre seguridad física, ciberseguridad y continuidad. Si cambia la manera de gestionar la seguridad en las organizaciones, parece razonable preguntarse si no debería evolucionar también uno de sus principales instrumentos operativos: la CRA. Clasificación de eventos Precisamente, uno de los planteamientos más interesantes del Manifiesto 2030 de AES es cuestionar la clasificación tradicional de la actividad en función del origen de las señales: incendio, intrusión, atraco, señal técnica… La alternativa es gestionar cada evento según el riesgo que representa, atendiendo a su posible impacto y a la criticidad de la instalación De la recepción de alarmas a la gestión del riesgo Enrique Bilbao Lázaro CEO de Desico
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