Centrales Receptoras de Alarmas o del proceso afectado. La diferencia se aprecia mejor en casos concretos: Una pérdida de suministro eléctrico puede ser una incidencia menor en una oficina y un evento crítico en una instalación industrial o sanitaria. Una puerta abierta puede ser irrelevante en un horario y obligar a actuar de inmediato en otro. Información proveniente de distintas fuentes (una cámara, una alarma de incendio, una llamada de interfonía y una señal de accesos) puede corresponder a un único incidente que debe gestionarse como tal y no por separado. El dispositivo que origina el aviso aporta solo una parte de la información. El operador necesita saber qué ocurre, qué riesgo existe y qué procedimiento debe aplicar. La CRA puede reducir ese riesgo mediante detección temprana, verificación, clasificación del incidente, coordinación de recursos y registro de las actuaciones. Este nuevo enfoque ofrece una base concreta para ampliar los servicios de las CRA. Marco común Cada responsable de Seguridad deberá decidir qué funciones mantiene dentro de su organización y cuáles encarga a un servicio externo. Una gran compañía puede operar su centro de control durante el horario de actividad y apoyarse en una CRA por la noche. También puede reservar los incidentes críticos a su equipo y externalizar los rutinarios. En organizaciones con menos recursos, la CRA puede aportar capacidades que no sería razonable justificar internamente. Los modelos híbridos permiten ajustar el reparto de funciones a los riesgos, los recursos y la organización de cada cliente. El debate debería centrarse en cómo definirlos y qué garantías necesita cada servicio. Para avanzar, los responsables de Seguridad, las CRA y la Administración tendrán que acordar un marco común. Los clientes deben explicar qué necesitan gestionar y qué responsabilidades desean conservar. Las CRA han de concretar los servicios que pueden prestar y los medios necesarios. Al regulador le corresponde aclarar qué actividades requieren habilitación, qué límites deben respetarse y qué controles son exigibles al asumir funciones distintas de la gestión tradicional de alarmas. El sector viene reclamando colaboración público-privada, una actualización normativa y una relación operativa más estrecha con otros servicios públicos; entre ellos, bomberos y emergencias. Ese diálogo será imprescindible para que los nuevos servicios tengan un encaje claro. Alcance más amplio La próxima década ofrece la oportunidad de definir ese nuevo alcance sin debilitar la función esencial de las CRA ni las garantías establecidas por la legislación. Las centrales ya disponen de experiencia operativa, continuidad de servicio, procedimientos y capacidad para registrar cada actuación. Sobre esa base pueden incorporar la supervisión de otros sistemas, la gestión coordinada de incidentes, el apoyo a emergencias y la colaboración con las estructuras de crisis y continuidad del cliente. La ampliación de funciones también cambia las necesidades tecnológicas. Recibir miles de señales independientes no exige lo mismo que relacionar datos de varios sistemas, reconstruir un incidente, valorar el riesgo que supone, seleccionar un procedimiento según el contexto, coordinar recursos y documentar las decisiones adoptadas. Las plataformas utilizadas por las CRA deberán facilitar esas tareas y adaptarse a los distintos modelos de servicio. La tecnología será un medio para aplicar el modelo operativo que acuerden clientes, centrales y reguladores. La cuestión pendiente puede formularse de manera sencilla: ¿qué funciones queremos confiar a las centrales receptoras de alarmas en el nuevo modelo de seguridad y resiliencia de nuestras organizaciones? / Septiembre-Octubre 2026 79
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