Seguritecnia 391
SEGURITECNIA Noviembre 2012 57 Opinión guración de esta amenaza a día de hoy necesita de la cooperación internacio- nal. Ya es la segunda vez en menos de tres años que académicos en mate- rias de inteligencia de todo el mundo son invitados a este tipo de reunio- nes con el fin de pasar varios días discu- tiendo sobre cuestiones de inteligencia y cómo ésta se afronta desde un punto de vista más occidental. Al día siguiente me levanto cansado, pero con muchas ganas de bajar a de- sayunar para encontrarme con viejos amigos a los cuales me encuentro regu- larmente en este tipo de eventos, desde antiguos miembros de los distintos ser- vicios de inteligencia del mundo que ahora se dedican a la docencia hasta di- rectores de empresas privadas que acu- den a este tipo de eventos. Hay muchas caras conocidas y todos tenemos ganas de ponernos al día. La conferencia comienza puntual- mente y con mucha más afluencia de público de la que todos estamos acos- tumbrados. Si lo piensas, es normal al encontrarnos en una academia de po- licía. Tras las palabras inaugurales de las distintas personalidades y la primera se- sión en la que estaba incluida mi po- nencia sobre “La inteligencia como in- dicador democrático” la pausa para el café. Nada más salir en una pequeña mesa me topo de bruces con las últi- mas publicaciones de la academia de policía y el Centro para el Estudio de la Inteligencia. Hay muchas, muchísi- mas, todas en turco. Encuentro hasta un estudio detallado del terrorismo de ETA en España, también en turco, es- crito por turcos y para turcos. Un pe- queño taping en mi espalda me devol- vió al mundo real. “¿Doctor Díaz?, hola, ¿cómo está?” Con cierta sorpresa me di la vuelta, soltando de repente el libro que sujetaba en las manos. Mi interlo- cutor no era desconocido para mí, sa- bía que esa persona se encontraba en la primera fila durante la conferencia. Me encontraba delante del jefe opera- tivo de la policía de Estambul, al que lla- maremos Ragam y que aprendió espa- ñol cuando estaba destinado en Vene- zuela. Tras un largo café, nos instamos para cenar y charlar de temas de interés común. De esa cena saldría una amis- tad que seguro durará muchos años. La anécdota de lo que me pasó hasta llegar al lugar de la cena me la guardo para mí. Aplicar la teoría Este tipo de reuniones tienen un valor añadido en los contactos que se hacen en los descansos y en las comidas. En este caso, a la hora de comer en un sa- lón grande abarrotado de gente me en- contré entre los comensales a dos vie- jos amigos de Estados Unidos, antiguos miembros de la comunidad de inteli- gencia estadounidense que ahora ocu- pan sus horas como profesores en dis- tintas universidades. Son estos tipos los que escriben los libros de inteligen- cia que luego se venden por todo el mundo y sirven como material de re- ferencia en los cursos sobre la materia que encontramos en nuestras universi- dades. Es curioso comprobar lo interio- rizado que tienen el concepto “colabo- rar” a través del cual son capaces de lle- gar a un público más amplio. La teoría la conocemos en España, otra cosa es la forma en la que la aplicamos. Tras la comida, una nueva sesión de conferencias realmente interesantes. Es en estos momentos donde los investi- gadores comparten sus aproximaciones a los principales debates sobre la mate- ria. Ponen en común ideas y se estable- cen distintas escuelas de pensamiento sobre los principales temas en esta inci- piente disciplina de estudio. En España, poco a poco, estamos consiguiendo que se hable de inteligencia cada vez más, ahora lo que necesitamos es que se discuta de inteligencia y que los in- vestigadores sean capaces de plantear las principales cuestiones en estos te- mas. Que de una vez nos demos cuenta de que existen distintas aproximaciones y que éstas tienen implicaciones pro- fundas sobre lo que se entiende por se- guridad, por inteligencia e incluso por conceptos mucho más amplios como el de democracia o Estado. Esto en Es- paña, por mucho que pese a algunos, aún no lo hemos conseguido. Mucho se habla, por ejemplo, de las reservas de inteligencia o de la comunidad de inteligencia ampliada sin que se pon- gan sobre la mesa cuestiones capitales como la aplicación de la ley sobre una comunidad de inteligencia ampliada o la influencia del secreto en las cuestio- nes sobre las que pueda llegar a ayu- dar las reservas de inteligencia. Cues- tiones que en otros países llevan sobre la mesa bastantes años. En definitiva, está bien que se hable de inteligencia, pero hay que dar un paso más allá. En términos generales, este tipo de iniciativas siempre me dejan un gran sabor de boca. Durante las casi cuatro horas que tuve para hacer balance en el avión de vuelta a casa, pensé en un comentario que me hizo un oficial de inteligencia turco cuando le pregunté, de forma poco acertada, cómo era po- sible que allí casi nadie hablase inglés. “Señor Matey, me respondió muy edu- cadamente, se suele decir que Turquía es la puerta entre Asia y Europa; pues bien, nosotros (refiriéndose a la inteli- gencia turca) estamos al otro lado de la puerta”. Lo que está claro es que este tipo de iniciativas son tremendamente provechosas para todos los asisten- tes, acercando posturas, compartiendo buenas prácticas, localizando líneas de investigación y de forma más operativa para que podamos saber qué es lo que hay “al otro lado de la puerta”. S En España estamos consiguiendo que se hable de inteligencia cada vez más, ahora lo que necesitamos es que se discuta sobre ella
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