Seguritecnia 514

/ Julio-Agosto 2025 60 Opinión El objetivo del presente artículo es analizar de manera rigurosa y objetiva el apagón masivo del 28 de abril de 2025 en España y Portugal, al evaluar sus causas, consecuencias y el efecto dominó sobre infraestructuras críticas, con especial énfasis en la resiliencia del sistema energético y digital, la seguridad pública y la necesidad de reforzar los protocolos operativos, legales y de ciberseguridad para evitar futuros incidentes de esta magnitud. El concepto de “cero eléctrico” hace referencia a un apagón completo y permanente del suministro eléctrico (blackout), que podría desencadenar un colapso tecnológico y digital. Este fenómeno en el contexto geopolítico actual tiene implicaciones profundas para la sociedad moderna. La dependencia global de la electricidad y los sistemas digitales hace que este escenario sea crítico para la seguridad humana y, por ende, la seguridad global. Un “cero energético” puede interpretarse como un estado de equilibrio absoluto en el que no hay transferencia ni presencia de energía en un sistema. En cierto modo, es comparable con un “cero digital”, que representa la ausencia de valor en un sistema binario, que se manifiesta por la ausencia de carga eléctrica en un sistema, como “un estado neutro” en informática. El ‘blackout’ El blackout1 total del 28 de abril en España y Portugal, no solo dejó a millones de personas sin electricidad, sino que también expuso la fragilidad de las infraestructuras críticas y la dependencia absoluta de la sociedad moderna a la energía y la conectividad. Lo que comenzó como un “cero energético”, una caída abrupta del suministro eléctrico, se transformó en un “cero digital”, paralizando sistemas de comunicación, transporte, sanidad y seguridad, entre otros. Pero más allá de la magnitud del apagón, hubo un aspecto particularmente alarmante: la caída del sistema Cometa, la plataforma de supervisión y alerta para la protección de mujeres víctimas de violencia de género. Durante horas, muchas mujeres víctimas de violencia de género quedaron completamente desprotegidas, sin posibilidad de activar alertas ni recibir asistencia inmediata. Este fallo puso en riesgo vidas, a la par que dejó en evidencia la falta de medidas de respaldo en sistemas esenciales de seguridad. Por otra parte, la electrificación total de los vehículos de emergencia representa una seria vulnerabilidad operativa en situaciones de crisis. Estos vehículos dependen completamente de la infraestructura eléctrica para su recarga, lo que los hace inoperativos cuando el suministro energético falla. En un escenario de colapso total del sistema eléctrico como el vivido, los servicios esenciales (ambulancias, vehículos policiales y de seguridad, servicios de salvamento y extinción de incendios, así como otros), ante la falta de energía para su recarga, son absolutamente incapaces de atender emergencias críticas y vitales. Además, la falta de infraestructuras de respaldo en estaciones de carga impide garantizar su operatividad en eventos prolongados, afectando la capacidad de respuesta inmediata y poniendo en riesgo la seguridad de la ciudadanía, pues estos vehículos son los primeros en intervenir ante catástrofes y deben contar con autonomía asegurada en cualquier circunstancia. Lo más inquietante no fue solo la magnitud del apagón, sino el hecho de que nadie lo esperaba (o al menos, nadie en el Gobierno ni en las empresas energéticas). Apenas unas semanas antes, el presidente del Gobierno, junto con los principales representantes del sector energético, aseguraban públicamente ‘Global blackout’: del “cero energético” al “cero digital”, binomio indisociable Prof. Dr. Martín González y Santiago Analista de Inteligencia y Seguridad, Dr. en Medicina, Seguridad y Derecho

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