Central Receptora de Alarmas que, hasta ahora, se consultaba únicamente de manera puntual, durante revisiones o tras incidentes. La verdadera revolución consiste en supervisar esa información en tiempo real, las 24 horas del día, con personal especializado disponible de forma continua. Esto no sustituye al mantenimiento presencial, que sigue siendo fundamental, pero lo complementa, aumentando la fiabilidad del sistema y ofreciendo una mayor tranquilidad al usuario. Cada vez existen más edificios vacíos o con mínima presencia de personal, donde los sistemas de PCI funcionan sin supervisión directa. La gestión remota permite atender estas instalaciones continuamente, detectar fallos de inmediato y reducir falsas alarmas. Además, transmite información más completa a los servicios de emergencia, facilita la intervención y posibilita acciones predictivas que reducen costes y mejoran la eficacia del mantenimiento. En conjunto, transforma un modelo reactivo en uno proactivo, beneficiando a empresas, usuarios y a la sociedad en general. Contratos y obligaciones En cuanto a las obligaciones de los usuarios o empresas contratantes, la guía establece que deben contar con un contrato de mantenimiento preventivo con una empresa autorizada según el RIPCI, informar y actualizar los tres teléfonos de contacto para la verificación de alarmas y notificar a la CRI cualquier modificación técnica que pueda afectar a la gestión remota, como cambios en la programación o en la planimetría. También deben tomar medidas para minimizar falsas alarmas y asegurar la pronta corrección de cualquier anomalía detectada. Asimismo, deberían disponer de operadores formados, garantizar la correcta verificación y comunicación de alarmas, y registrar todas las acciones realizadas. El objetivo de estos procedimientos es garantizar que las alarmas que lleguen al 112 sean fiables y verificadas, evitando saturar los servicios de emergencias y asegurando que la respuesta se produzca solo cuando realmente sea necesaria. La guía define criterios claros sobre verificación, comunicación con contactos y servicios de emergencia, y manejo de hiperactividad de falsas alarmas, incluyendo el registro documental de todas las acciones. Trabajo coordinado Aunque queda camino por recorrer para establecer un marco normativo sólido, estamos convencidos de que la colaboración entre entidades, como la que desarrollan Tecnifuego y AESCRA, es el camino correcto. El documento en el que se trabaja no resolverá todos los problemas, pero sí establecerá unas bases claras sobre quién es responsable de qué, cómo deben comunicarse las alarmas, cómo verificarlas y cuáles son las obligaciones de usuarios y centrales. Más allá de lo técnico, lo que se busca es que la tecnología –que ya existe y es fiable– se utilice de forma ordenada y segura, generando confianza entre todos los actores implicados y aprovechando el máximo potencial de los sistemas de detección. La guía constituye un primer paso hacia un sector más sólido y coordinado, capaz de ofrecer un servicio homogéneo y profesional, que refuerce la seguridad jurídica de las empresas, la tranquilidad de los usuarios y la precisión en la comunicación con los servicios de emergencia. El futuro de las CRI no debe entenderse solo como un reto normativo o tecnológico, sino como una oportunidad para reforzar la confianza en todo el sistema de protección. Si logramos que empresas, asociaciones, administraciones y usuarios trabajen de forma coordinada, podremos convertir la enorme capacidad de la tecnología en una verdadera cultura de seguridad, en la que cada alarma se gestione con rigor y cada respuesta aporte valor. / Septiembre-Octubre 2025 91
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