Reportaje artífice del proyecto de renovación de seguridad junto al resto de su equipo, además de contar con la labor del personal del servicio de seguridad privada. El primer paso consistió en evaluar las necesidades y, a partir de ahí, la adquisición de la tecnología y la integración de la nueva arquitectura. Un proceso que culminó a finales del año pasado. Recorremos junto a Manzano las galerías del edificio mientras nos describe las características de esta ambiciosa iniciativa que se ha centrado en tres áreas: videovigilancia, control de accesos y protección contra incendios (PCI). Tres sistemas diferenciados que confluyen en una también rediseñada sala de control, que actúa como centro neurálgico de la seguridad de la pinacoteca. El propósito principal del cambio era mejorar los sistemas de seguridad del momento, con el foco principal puesto sobre las obras de arte. Pero yendo a los objetivos más específicos, el equipo de seguridad buscaba “una detección inmediata de cualquier acción contra alguna de las piezas, identificar y hacer seguimiento de visitantes sospechosos, llevar a cabo investigaciones forenses tanto de empleados como de visitantes, seguir el rastro de las obras de arte y tener un control exhaustivo de lo que sucede en la zona de cuadros en tránsito que permita ver cómo se manipulan, algo de lo que antes carecíamos”. Cámaras que aprenden La videovigilancia representa la mayor inversión del proyecto (392.000 euros) y es la que más impacto tiene diariamente para la protección de las obras. La entidad ha sustituido la totalidad de sus cámaras analógicas por cámaras IP que incorporan analítica de vídeo. Un sistema basado en la tecnología Avigilon que actualmente conforma una red de cerca de 300 dispositivos distribuidos en las zonas de acceso al público y los exteriores del edificio. El foco principal de esta arquitectura está puesto en las obras de arte desde una perspectiva preventiva y de rápida reacción. No en vano, una de sus principales características es la capacidad de generar perímetros y límites para alertar de un acercamiento excesivo a los cuadros por parte de los visitantes. Esta funcionalidad actúa a modo de catenaria virtual, estableciendo una línea de detección: si el visitante la cruza, la alarma salta automáticamente en el centro de control y el personal de sala interviene de inmediato in situ. De este modo, no existe ningún elemento físico a la vista que interfiera en el deleite del espectador. “La problemática de los museos es que lo que protegemos tiene que estar expuesto al público. Que los visitantes disfruten de las obras conlleva riesgos y, por ello, buscamos métodos de detección para advertir que alguien se acerca demasiado o incluso las toca”, explica el responsable de seguridad. Pero, más allá de evitar la proximidad a las obras, otra de las virtudes del sistema de videovigilancia es la incorporación de analítica basada en inteligencia artificial (IA). Las cámaras registran los patrones de comportamiento habituales en cada sala y, cuando detectan una anomalía, la notifican al operador de turno. “El operador no tiene que estar mi- Antonio Manzano, director de Seguridad del del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. La pinacoteca ha renovado sus sistemas de videovigilancia, control de accesos y PCI , integrándolos en su sala de control / Enero-Febrero 2026 125
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