Seguritecnia 518

Artículo Técnico ticas nacionales o guías de referencia, como la NFPA o la SFPE), obtenemos una visión panorámica de los escenarios posibles. No necesitamos una precisión absoluta, sino coherencia relativa entre soluciones. El análisis de riesgo no busca la “verdad absoluta”, sino comparar si la solución prestacional B es, al menos, tan segura como la solución reglamentaria A. La fórmula del riesgo La base del enfoque probabilístico es, en realidad, muy simple. El riesgo puede expresarse como: R = F · P1 · P2 · ... · Pn · C donde: F: frecuencia de inicio del incendio. Pi: probabilidades de transición entre estados (éxito o fallo de cada barrera). C: consecuencias del escenario. Es decir, una simple multiplicación de probabilidades a lo largo de una cadena de eventos. Esta ecuación, además de sencilla, es extremadamente clarificadora, pues permite entender cómo influye cada medida, cómo se combinan y dónde está realmente el riesgo. Cada rama de un árbol de eventos representa una trayectoria posible del incendio, con su propia probabilidad y sus propias consecuencias. Y con el árbol en su conjunto se pasa de analizar un único escenario a entender todo el sistema. Evolución necesaria Es crucial aclarar un punto que suele generar fricción: la capa probabilística no invalida el modelo determinista. Para saber qué ocurre en una rama del árbol de eventos (por ejemplo, si fallan los rociadores), seguiremos necesitando el FDS o el Pathfinder. Necesitamos el determinismo para calcular la consecuencia. La evolución consiste en que, en lugar de modelar un único escenario “peor pero creíble” (que a menudo es arbitrario), modelamos una batería de escenarios y los ponderamos por su probabilidad. Esto fortalece el estudio por tres razones fundamentales: Transparencia: no ocultamos que los sistemas pueden fallar. Al contrario, demostramos que, incluso si fallan, el riesgo residual es gestionable. Robustez: el análisis de riesgo identifica qué variables son críticas (análisis de sensibilidad) y evitamos diseños dependientes de una única hipótesis. Optimización: permite invertir donde realmente se reduce el riesgo. Riesgo como lenguaje común En cualquier industria, el lenguaje de la dirección es el riesgo. El director de una planta logística no entiende de “curvas de HRR” o “modelos de zona”, pero entiende perfectamente si le dices: “La probabilidad de que un incendio interrumpa su actividad más de 48 horas es de 1 entre 10.000 años con esta solución”. La guía del CLÚSIC nos da el marco para que los ingenieros de seguridad contra incendios hablemos ese mismo lenguaje. Nos permite salir de la “dictadura del dato único” para entrar en la “gestión del escenario”. Conclusión Añadir una capa probabilística a nuestros estudios PBD no es un ejercicio de estilo, es una responsabilidad ética. El fuego es, por naturaleza, estocástico y aleatorio. Seguir pretendiendo que podemos predecirlo con una única simulación determinista es, en el mejor de los casos, optimista y, en el peor, negligente. La ingeniería prestacional no consiste en evitar el fuego a toda costa, sino en garantizar que, dada su baja pero real probabilidad, las consecuencias sean aceptables. La guía del CLÚSIC ya está sobre la mesa; ahora nos toca a los profesionales perder el miedo a la estadística, abrir el árbol de eventos y empezar a diseñar edificios no solo para que cumplan el código, sino para que gestionen el riesgo de forma explícita. / Marzo-Abril 2026 65

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