Seguritecnia 521

Inteligencia y Seguridad acontecimientos. El control reflexivo, desarrollado en el pensamiento soviético y ruso, busca transmitir al oponente informaciones o estímulos que lo conduzcan a adoptar (aparentemente por decisión propia) una conducta favorable a quien ejerce la influencia (Thomas, 2004). No se pretende solamente ocultar una acción, sino intervenir sobre el proceso mediante el cual el decisor diferencia entre ruido, amenaza y crisis. La guerra cognitiva amplía esta disputa al terreno de las percepciones, emociones, sesgos y procesos de decisión individuales y colectivos. Su objetivo no se limita a modificar lo que una audiencia sabe, sino que puede afectar a la forma en que comprende la realidad y decide actuar (Claverie et al., 2022). La mente del decisor y los mecanismos institucionales de alerta se convierten así en superficies de ataque. Como parte de una previa investigación, presentamos los parámetros Z (incertidumbre) y P (percepción) desarrollados para analizar la manipulación del umbral del conflicto (Esteban Ceballos, 2026). Sobre esa base, el método propuesto incorpora Z como expresión de la incertidumbre persistente y P como medida de la amenaza percibida por el decisor, integrándolas en un procedimiento práctico de evaluación del riesgo. Metodología Proponemos un método que supera el proceso convencional de análisis de riesgos para calibrar adecuadamente la ambigüedad. Tradicionalmente, el riesgo se valora atendiendo a la probabilidad de que se produzca una acción hostil y a la gravedad de sus consecuencias. Sin embargo, este cálculo resulta insuficiente en la zona gris, donde la amenaza puede evolucionar más rápidamente que la capacidad del decisor para reconocerla. Nuestro análisis comienza delimitando un escenario, un actor, una acción y un horizonte temporal concreto (24 horas, 72 horas o siete días). A continuación, se valora la amenaza mediante cinco indicadores: intención, capacidad, preparación, oportunidad y convergencia de señales. El impacto se estima considerando sus posibles efectos humanos, materiales, territoriales, políticos y cognitivos. Ambos componentes se clasifican en una escala ordinal de cinco niveles, desde muy bajo hasta crítico. Sobre este riesgo convencional, incorporamos el parámetro Z como la incertidumbre que persiste respecto de la autoría, intención, mecanismo y momento de la acción. Una Z elevada no implica menor peligro: puede indicar que el actor conserva capacidad de negación y que aumenta el riesgo de sorpresa. P, por su parte, expresa hasta qué punto la amenaza ha sido percibida a partir de evidencias observables como alertas difundidas, cambios de postura, refuerzos preventivos o activación de mecanismos de crisis. El procedimiento genera tres productos para el decisor: riesgo de acción hostil, riesgo de cruce del umbral y brecha de alerta. Esta última constituye su principal aportación: una combinación de riesgo elevado, P baja y Z alta identifica una situación de posible sorpresa estratégica; por el contrario, una P elevada ante un riesgo reducido puede advertir de sobrerreacción o manipulación perceptiva. Resumiendo, Z actuaría como advertencia adicional: riesgo alto + P baja + Z alta constituye la combinación más peligrosa porque permite que la amenaza avance sin activar oportunamente al decisor. Los parámetros y sus diferentes combinaciones han sido sometidos a simulación mediante escenarios comparados de Ceuta en 2021 y 2026. Por razones de espacio se omite la operativa matemática. El modelo va más allá de una matriz Mossler convencional al incorporar adversarialidad, evolución temporal, incertidumbre deliberada y distancia entre el riesgo real y la amenaza percibida. / Septiembre-Octubre 2026 99

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