Seguritecnia 519

Artículo Técnico Desde esta perspectiva, el Plan de Autoprotección (y, de manera particular, sus planes de emergencia) se configura como el espacio de integración normativa, en el que deben confluir coherentemente aquellas disposiciones sectoriales que resulten aplicables por la naturaleza del riesgo generado, con independencia de que su origen inmediato sea un incendio. Normativa y riesgos La liberación de fluoruro de hidrógeno y otros compuestos tóxicos durante un incendio electroquímico introduce un riesgo que trasciende el ámbito clásico de la protección contra incendios. Este tipo de liberaciones accidentales se alinea conceptualmente con los supuestos contemplados en el Reglamento de Almacenamiento de Productos Químicos (Real Decreto 656/2017), cuyo artículo 11 establece la necesidad de disponer de planes de emergencia adecuados cuando exista la posibilidad de liberación de sustancias peligrosas que puedan afectar a las personas o al entorno. La pertinencia de este enfoque no depende de considerar la batería como un producto químico en sentido administrativo, sino de reconocer que el escenario accidental genera sustancias peligrosas, Evidencia y escenarios Estudios experimentales e informes técnicos elaborados en los últimos años han permitido identificar patrones recurrentes en los incendios asociados a baterías de ion litio. Estos patrones se observan tanto en ensayos controlados como en incidentes reales y constituyen la base empírica que justifica la necesidad de una clasificación específica. Entre los elementos más consistentes destacan: Duración prolongada del evento, condicionada por la energía almacenada y por la posibilidad de que el TR se propague entre celdas o módulos. Riesgo de reignición, incluso tras la aparente extinción, debido a la persistencia de temperaturas internas elevadas y a la degradación incompleta de los materiales activos. Necesidad de enfriamiento sostenido, ya que la reducción de la temperatura superficial no garantiza la estabilización térmica del conjunto. Liberación de gases tóxicos y residuos contaminantes, cuya composición depende de la química de la batería y del grado de degradación alcanzado durante el proceso. Implicaciones La incorporación de la Clase L pone de manifiesto que los incendios en baterías Li-ion no pueden abordarse únicamente desde la lógica tradicional del incendio. La presencia simultánea de un proceso térmico autónomo y de una liberación de sustancias peligrosas exige integrar marcos normativos que, aunque no fueron diseñados específicamente para estos escenarios, resultan plenamente aplicables por la naturaleza del riesgo generado. Autoprotección: punto crítico En la práctica, la planificación de la autoprotección se ha elaborado con frecuencia tomando como referencia casi exclusiva la Norma Básica de Autoprotección (Real Decreto 393/2007). Esta norma establece la estructura, contenido y alcance del Plan de Autoprotección, integrando de forma expresa los planes de emergencia en su Capítulo 6, como instrumento operativo destinado a la respuesta ante situaciones accidentales previsibles. No obstante, su aplicación aislada resulta insuficiente frente a escenarios Clase L, donde coexisten riesgos térmicos y químicos. Se requiere adaptar los procedimientos de emergencia a la naturaleza híbrida del riesgo, incluyendo la identificación de gases tóxicos, medidas de confinamiento, ventilación controlada y protocolos de retirada segura de residuos contaminantes. La autoprotección no se define, por tanto, por el cumplimiento formal de una norma concreta, sino por la identificación, evaluación y gestión integral de los riesgos derivados de la actividad, conforme al principio de adecuación al riesgo. En los incendios Clase L, esta exigencia adquiere una relevancia crítica, ya que el evento combina un proceso térmico de alta energía con la liberación de sustancias tóxicas y corrosivas que condicionan la respuesta operativa, la protección de las personas y la seguridad de los intervinientes. / Mayo-Junio 2026 75

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